Sofonías Cisneros [email protected]
En vista de que hay una gran actividad constructiva en el lugar que estuvo el antiguo Hospital El Retiro, de Managua, donde parece va a ser construido algún centro de compras o supermercado, después de haber sido cuestionada la existencia de desechos de una unidad de cobalto del viejo hospital destruido por el terremoto del 72, sería prudente examinar más cuidadosa y científicamente todo el lote que permanecía cercado desde hace 31 años, y no conformarse con las aclaraciones un tanto simplistas hechas por un profesional del Minsa, como si lo que allí ha permanecido encerrado fuera cualquier material tóxico.
Ni en los Estados Unidos ni en la vieja URSS lograron evitar la fuga de productos radiactivos de plantas nucleares de gran envergadura (Chernobil, Thre Islands) a pesar de la esmerada construcción de recipientes estancos.
En 1972, los Estados Unidos enviaron entre otros auxilios un contingente médico que quiso instalarse precisamente en El Retiro, en sitios contiguos a los escombros del hospital; pero antes de hacerlo enviaron a los EE.UU. muestras del suelo de toda el área libre (a sabiendas de que existía la unidad de cobalto). La respuesta fue negativa ya que las muestras revelaron la existencia de contaminación en el suelo ¡Busquen otro lugar!
Así fue que Somoza Debayle ofreció sus terrenos del otro lado de la calle para que establecieran las tiendas de campaña que todos pudimos ver por mucho tiempo. Este incidente me fue revelado por una hermana mía que prestó sus servicios como enfermera del Hospital El Retiro y está muy preocupada por lo que está ocurriendo.
Por sí o por no, lo elemental era cerciorarse de si existe contaminación o no antes de emprender excavaciones y provocar que nubes de polvo se extiendan por toda el área de Plaza España y de que trabajadores inicien trabajos de ese tipo con peligro de contaminarse respirando y entrando en contacto con ese suelo. Además, las corrientes del drenaje pluvial han estado por años descargando en el Lago Xolotlán al que era lo único que le faltaba.
Urge que el Minsa, el Marena, los grupos ambientalistas y el propietario de la obra realicen las investigaciones pertinentes y, aún una solicitud de auxilio al Gobierno de los Estados Unidos de cooperación con personal y equipo apropiado.
No se trata de alarmar por alarmar, pero si la contaminación se confirmara (y Dios quiera que no) esto sería como para pegar el grito, pues a estas alturas ya existiría mucha gente contaminada (candidatos a la leucemia).
¡Hay que evitar un desastre ambiental!
El autor es ingeniero civil