Francisco Aguirre [email protected]
Durante su exitosa campaña presidencial de 1992, uno de los principales asesores de Bill Clinton hizo célebre para siempre la frase “¡es la economía, estúpido!” cuando el equipo del candidato estaba debatiendo cuáles deberían ser los temas a explotar contra el entonces presidente George Bush. La consigna reflejaba una poderosa realidad política: la única manera de derrotar a un presidente popular que había sido un héroe de la Segunda Guerra Mundial y que había liderado los Estados Unidos durante la Guerra del Golfo era atacando a su talón de Aquiles, la recesión económica que vivía el país.
Ahora, una década más tarde, el actual presidente Bush (o George II, como a veces se le dice jocosamente al actual jefe de estado) está a un año del inicio de una nueva campaña presidencial. Goza de un apoyo alto en las encuestas, el legado de la manera astuta en que manejó el período post septiembre 11. Pero ese apoyo ha ido mermándose recientemente, principalmente por el mediocre desempeño de la economía estadounidense.
Las cifras son preocupantes. El desempleo, que fue tan sólo 4 por ciento en 2000, el último año de Clinton, ha subido a 6 por ciento y muestra señas de seguir trepando. La bolsa ha perdido 30 por ciento de su valor desde el mismo año borrando trillones de dólares en utilidades con que contaban millones de inversionistas. Los dos grandes déficits estadounidenses —el presupuestario y de balanzas de pago—han aumentado a niveles inquietantes. Y por otro lado, el sector privado ha sido sacudido por escándalos, como el de ENRON y World Com., que le han costado miles de millones en pérdidas a jubilados y fondos de pensiones al igual que a algunos de los bancos más grandes y prestigiosos de la Unión Americana. Estas quiebras también han dañado a importantes firmas de auditoría que se prestaron para encubrir las dificultades de estas empresas.
Las malas noticias económicas continúan. El 30 de enero se dio a conocer el desempeño de la economía estadounidense en el último trimestre del año pasado. Fue pobre: creció, pero tan sólo por un raquítico 0.7 por ciento. El mismo día se conocieron los más recientes resultados de AOL Time Warner —uno de los conglomerados de comunicaciones más grandes del mundo y el dueño de la revista Time y de CNN—. Éstos arrojaron pérdidas de US$100 mil millones en el 2002. Esta cifra es tan inmensa que es difícil de comprender. Para ponerla en perspectiva ¡es 40 veces el producto interno bruto —o el tamaño de la economía— de Nicaragua!
Sin duda, la delicada situación económica de los Estados Unidos explica el porqué un creciente número de políticos demócratas se están enfilando para enfrentársele al actual presidente norteamericano a pesar de su popularidad en las encuestas. Y sin duda por eso es que el presidente Bush cambió recientemente a su Ministro de Hacienda y a su principal asesor económico y le dio tanta prominencia en su mensaje anual sobre “el Estado de la Unión” el 28 de enero a las medidas que le propondrá al Congreso estadounidense para estimular la economía. Recuerda, seguramente lo que le pasó a George I, quien gozaba de niveles de popularidad que superaban el 90 por ciento en las encuestas después de la Guerra del Golfo, pero que un año más tarde fue derrotado por Bill Clinton ¡porque lo que cuenta, estúpido, es la economía!
El autor fue canciller de Nicaragua