¿Populismo tributario a favor de los bancos?

José Luis [email protected]

Nadie discute que es necesario fortalecer al Sistema Financiero Nacional, como un elemento central de la estrategia de desarrollo. Ello no implica sin embargo adoptar políticas de populismo o favoritismo tributario bancario. Los tributos deben aplicarse de manera pareja para todos.

La defensa del populismo tributario a favor de los bancos, se fundamenta en dos argumentos erróneos: primero, se sostiene que cobrar el Impuesto sobre la Renta (IR) de los últimos años de los bancos, es aplicar la ley de manera retroactiva. Segundo, se arguye, que la contribución al Fondo de Garantías de los Depósitos (Fogade) y que el encaje legal de los bancos, son verdaderos impuestos, por lo que se pretende justificar que los bancos no paguen el impuesto sobre la renta que en Derecho corresponde. Ambos argumentos son falsos.

El cobrar el IR de los últimos años que adeudan los bancos, en manera alguna implica violar el principio de que la Ley no tiene efectos retroactivos salvo en materia penal a favor del reo. Si cobrar obligaciones vencidas no pagadas implicara violar el principio de no-retroactividad de Ley, los mismos deudores de los bancos y todo aquél que tenga obligaciones vencidas con el Fisco o con cualquier acreedor, podría argumentar lo mismo y no podría cobrarse ninguna deuda u obligación porque la misma ya estaría vencida, lo cual es obviamente absurdo. El cobro del IR de los últimos años que adeudan los bancos, no se basa en ninguna nueva Ley que venga a tener efectos retroactivos. Se trata simplemente de aplicar la Ley del Impuesto sobre la Renta, vigente desde hace muchos años. Conforme la legislación vigente la prescripción del IR es después de cuatro años, y este mismo derecho se interrumpe por gestión de cobro.

Tampoco puede alegarse que los bancos no tienen obligación de pagar el IR de los últimos años, porque fueron eximidos de esa obligación por algún acuerdo ministerial o resolución administrativa. Conforme la Constitución, ningún funcionario tiene más facultades que las que le da la ley, y ninguna ley ha facultado a ningún funcionario a otorgar exoneraciones de facto del IR del Sistema Financiero.

Es igualmente falso que la contribución al FOGADE o que el encaje legal sean tributos y que por tanto exoneren de la obligación de pagar el IR. Simplemente no pueden ni deben confundirse instrumentos de política monetaria y financiera, con política tributaria. En ninguna parte del mundo se considera al encaje legal o a la contribución para el seguro de depósitos, como un impuesto. Ciertamente, que tanto la contribución al FOGADE como el encaje legal implican elevados costos, los cuales sin embargo son pagados en realidad por los depositantes, a través de una disminución de la tasa de interés de las cuentas de ahorro y a plazo. Los bancos compensan además esos altos costos, a través de elevadas tasas de intereses en los préstamos que realizan. El margen de intermediación financiera de los bancos es muy alto, y les permite generar utilidades, sobre las que corresponde pagar el IR respectivo. Son tanto los depositantes como los prestatarios de los bancos, los que absorben, tanto el costo del FOGADE, como el del encaje legal. Respecto al FOGADE, estos fondos han sido aportados por los depositantes y aunque todavía son insuficientes para hacer frente a una eventual quiebra bancaria, en manera alguna deben transformarse en un impuesto destinado a las arcas del Fisco. El Fondo de Garantía de Depósitos, económicamente pertenece a los depositantes. La confusión de instrumentos tributarios, con política financiera es muy peligrosa.

Legalmente es obligatorio cobrar el IR de los últimos años adeudado por los bancos. Ello no es impedimento para tomar otras medidas para fortalecer al Sistema Financiero. Para comenzar, la Superintendencia de Bancos, debe prohibir cualquier distribución de dividendos de los bancos, mientras no paguen los impuestos que adeudan. Igualmente podría ser necesario que el Estado extienda la garantía de la totalidad de los depósitos. Habría también que aplicar con todo rigor la ley a los responsables de quiebras fraudulentas. Los bancos pueden ser fortalecidos sin necesidad de recurrir a un favoritismo tributario discriminatorio. Las autoridades por su parte, deberían rechazar el populismo tributario para los ricos, con la misma energía que se oponen al populismo demagógico que algunos pregonan a favor de los pobres. En materia tributaria, tan negativa es la demagogia de la tasa cero para los bienes de la canasta básica, como los tratamientos especiales, de jure o de facto, que discriminan a favor de sectores de altos ingresos.

El autor es economista  

Editorial
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