En letra pequeña

Fabián [email protected]

DISPARATES

El Fiscal Julio Centeno Gómez no deja de sorprendernos. Ahora resulta que si un grupo de mafiosos vendió armas nicaragüenses a guerrilleros colombianos, el delito no se cometió en el país, sino en alta mar. Vaya. Dejemos pues el asunto, en manos de las leyes del mar o de la Divina Providencia. Una vez más don Julio llega hasta el ridículo en su afán de salvar delincuentes. Si empleara la mitad de ese esfuerzo en cumplir su función de Fiscal, Nicaragua sería un poco distinta. ¡Cuánto daño ha hecho este señor!

¿Y ESTADOS UNIDOS?

Armas van, armas vienen, pasaron por Panamá y… se fueron a Colombia. ¿Me va a decir Estados Unidos que nunca supo nada de nada? ¿Qué habría pasado si en lugar de quedar en manos de paramilitares, esas armas hubiesen terminado en manos de guerrilleros de izquierda, o en caso peor, en manos de los terroristas de Bin Laden? Esas cosas, armar a grupos antiguerrillas, antes las realizaba la CIA directamente, entonces ¿por qué no hacerse de la vista gorda ahora y dejar que otros les hagan el trabajo sucio y de paso se ganen algún dinero?

PRUEBA DE FUEGO

La suerte del general Roberto Calderón pondrá a prueba la pregonada subordinación de los militares al poder civil. ¿Será cierto eso o es un cuento de camino que nos hemos creído? ¿Lo veremos en el banquillo? ¿Dejará el Ejército que uno de sus jefes asuma la responsabilidad como individuo o lo acuerpará, unidos incluso en el delito? Lo que suceda en los próximos meses nos dará la medida de cuánto ha crecido Nicaragua. Si en el Ejército no pasa nada ahora, creámosle más a los cuentos de Pancho Madrigal que a la leyes que nos dicen que nuestro Ejército se subordina al Presidente.

TAN LEJANA, TAN CERCANA

La guerra que está a punto de comenzar en Irak nos parece tan lejana, tan virtual, que pocas veces nos detenemos a preguntarnos: ¿Qué parte de esta guerra me tocará a mí? En un mundo tan globalizado como el que vivimos, lo que está a punto de ocurrir inevitablemente terminará alcanzándonos. ¿Cuánto será? Eso dependerá de dónde estemos a la hora de las piedras pómez y de las posibilidades que tenga Hussein de sacar la guerra más allá de sus fronteras.

VER PARA CREER

Tal como se ha anunciado la nueva Ley de tránsito, y las ganas que está mostrando la Policía para cumplirla, en unos cuatro meses, deberíamos tener un servicio de autobuses de primera. Chóferes amables, sobrios, que conducen con prudencia por las calles recién asfaltadas, en unidades que sino nuevas, al menos en buen estado. Es que hasta dan ganas de dejar parqueado nuestro carrito y empezar a usar sólo el transporte público. Que bonito sería si lo que estamos oyendo no fuese sólo un espejismo que ni quienes lo dicen se lo creen. La intención parece buena, pero nos han engañado tantas veces que mejor esperamos a verlo para creerlo.  

Editorial
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