Eduardo Enrí[email protected]
Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, y con esta discusión del Presupuesto General de la República y el programa del FMI estamos comprobándolo.
Ya sabemos que de los padrastros en la Asamblea no se puede esperar nada. Ellos desde un principio sabían lo que hacían y lo que querían: obligar al gobierno a negociar, cada quien, liberales y sandinistas, con su agenda.
Pero lo triste es ahora ver a diferentes sectores salir a pronunciarse en contra del veto: alcaldes, universitarios y hasta la llamada “sociedad civil” salen pidiendo que se rechace el veto, pero al mismo tiempo que a todos les den su dinero.
La pregunta para ellos es sencilla: ¿cuánto es 13 mil millones menos cuatro mil millones? Si tratamos de encajar en la mentalidad de las personas que rechazan el veto, pareciera que para ellos 13 menos cuatro es la fórmula para el Cuerno de la Abundancia.
Cuando en realidad, si se rechaza el veto, nos vamos a quedar cortos en cuatro mil millones de córdobas y no habrá manera de dar los aumentos que los diputados dieron y que en la realidad sólo existen en papel.
Un caso patético de intransigencia e incongruencia es, como siempre, el de los universitarios y su nefasto seis por ciento. El otro día, estos muchachos que están recibiendo la mejor educación del país, salieron a manchar paredes, a violentar los derechos de otros ciudadanos y agredirlos, con el pretexto de reclamar su derecho constitucional del seis por ciento del Presupuesto. Portaban camisetas en las que se leía: No al veto, sí a Nicaragua.
Supongo que esos muchachos, y sus magníficos rectores que les compran la pólvora, los tarros de pintura y las camisetas con ese genial eslogan, pueden hacer un simple cálculo para sacar un porcentaje. Entonces les pregunto: qué es más, ¿el seis por ciento de nueve mil millones o el cinco por ciento de 13 mil millones?
Sin embargo, lo peor es que si no se deponen las posiciones intransigentes, esos nueve mil millones no van a quedar como están presupuestados porque se tendrá que hacer una reestructuración donde todo mundo perdería ya que el Estado tendría que enfrentar los mismos compromisos pero con menos dinero. Eso reduciría aún más la inversión pública y aumentaría el desempleo.
Pero la cosa no para ahí. Con el cierre de los créditos internacionales a Nicaragua y la paralización del gobierno, ¿quién se atrevería a invertir? ¿quién se atrevería a dejar un solo centavo en un banco a sabiendas que en cualquier momento sus ahorros se pueden esfumar?
El panorama es tan apocalíptico que uno quiere pensar que estas personas no pueden ser tan irresponsables y que tanto el gobierno como los padrastros van a empezar a ceder un poco hasta llegar a un acuerdo.
Pero cada día que pasa es un día perdido que Nicaragua podría estar avanzando hacia un mejor panorama económico. Y la esperanza de que se pongan de acuerdo a tiempo es sólo una esperanza. Si el FMI dejó sola a una economía como la de Argentina, ¿por qué no lo va a hacer con una como la nuestra? Piensen, no es tan complicado: ¿cuánto es 13 menos cuatro?