Emilio Álvarez Montalvá[email protected]
La crisis venezolana, iniciada hace tres meses, ha tomado un nuevo rumbo al levantar la Coordinadora Democrática la frustrada huelga general, que no condujo a ningún arreglo, mientras el pueblo se empobrece más y los ánimos se envenenan. Para empezar, la mesa de “acuerdos y negociación” sigue fracasada, a pesar de haberse robustecido con el “grupo de amigos” (España, EE.UU., Brasil, Portugal, México y Chile), sugerido por el presidente Lula. Por su parte, (el Presidente) Chávez le dio un golpe de gracia al pedir la inclusión de Francia y Rusia, descalificando además la presencia del delegado del gobierno de Arnaz alegando que había reconocido a la “efímera junta golpista” de abril pasado.
Por lo demás, el paro empezó a languidecer hace una semana al no lograr la parálisis del comercio, transporte , ni el despacho de petróleo (apenas 50 bombas permanecieron cerradas), y en cambio se agudizaba la recesión económica, el desempleo y aumentaban las pérdidas de las empresas que se sumaron a la huelga. A su vez la producción de PDVSA se reanudó, alcanzando esta semana 1.8 millones de barriles diarios. Todo ello indicaría un fracaso del poder de convocatoria de la Coordinadora y FEDECAMARAS que beneficia al gobierno, en cuyo favor está el tiempo.
En el campo económico, la defección de técnicos en las refinerías no consiguió cerrarlas. Al contrario, al reabrirse aquéllas, el precio internacional del crudo empezó a bajar ayudado por la decisión de la OPEC de aumentar sus exportaciones. No obstante el déficit de divisas acumulado durante la crisis acumuló en estas doce semanas diez millones de dólares diarios, lo cual explica que el Banco Central suspendiera por cinco días la venta de aquella moneda, instalara el control de cambios y el valor de medicinas e incluso a los artículos componentes de la canasta básica, y además, sembró el pánico en los ahorristas temerosos de una repetición del “corralito argentino”. Tratando de ayudar, la OEA envió a Venezuela a su Secretario General, siendo ilegitimada su representación por el propio Chávez, quien aseguró que César Gaviria se encuentra en Venezuela en su carácter particular y no oficial.
A última hora el ex presidente Carter llegó a Caracas a mediar entre las partes. Una de las opciones que presentó fue realizar reformas constitucionales para disminuir a cuatro años el período presidencial, debiendo confirmarse estos cambios por consulta popular, previa a las elecciones señaladas para el 18 de agosto próximo, en el entendido de que no habría restricción de candidaturas. La segunda alternativa consistía en activar un “referéndum revocatorio” a más tardar el 18 de agosto con reestructuración de común acuerdo al Consejo Electoral. Mientras tanto, la Coordinadora recogió cuatro millones de firmas para respaldar el referéndum revocatorio, pues el consultivo planeado para el domingo 2 de febrero lo suspendió la Corte Suprema de Justicia.
Surgen dos preguntas. Primero, ¿por qué Chávez, quien ganó con amplia mayoría cuatro elecciones sucesivas se enfrenta a un repudio tan extenso y sostenido? La respuesta es doble: uno, porque como siempre sucede el populismo demagógico resulta incapaz de cumplir lo prometido y como consecuencia los frustrados electores terminan repudiando al caudillo.
La segunda razón es que Chávez no organizó eficientemente a sus seguidores. La otra interrogante es: ¿por qué no tuvo éxito la oposición? En gran parte porque el grueso del Ejército no abandonó a Chávez y luego porque la opinión pública estaba dividida al no incorporar a los populosos barrios marginales, proclives al caudillismo, a pesar de la alianza del sector empresarial con los sindicatos.
Lo lógico ahora es que Chávez y la oposición, negocien sobre temas concretos, como los presentados por Carter, pues evidentemente ninguno de los dos bandos tiene fuerza para ganarlo todo.
El autor es analista político, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.