Marco A. Valle Martí[email protected]
Es difícil encontrar un programa gubernamental europeo que no incluya la seguridad ciudadana como uno de sus temas prioritarios, pudiendo decirse lo mismo de las sociedades asiáticas y latinoamericanas, sin dejar de lado las norteamericana y canadiense que tienen este asunto en la agenda cotidiana. Hasta hace pocas décadas relegada a las penumbras, hoy es uno de los retos principales y, sin duda será un tema constante del siglo XXI.
Aunque la violencia, los delitos, la accidentalidad de tránsito y, la criminalidad han existido a lo largo de la historia, es con la finalización de la Guerra Fría que estos tipos de problemas empiezan a ocupar un lugar vistoso en la atención mundial. Antes, para no ir muy atrás en los anales, sólo eran noticias de primera plana los casos como el de Jack el Destripador que azotó el barrio de Whitechapel en Londres en 1888, las hermanas Papin que masacraron a sus patronas en París en 1933, el asesinato de Marilyng Sheppard en Cleveland en 1954 que inspiró la cinta El Fugitivo, el robo del tren de correo inglés en 1963 y, el caso de O.J. Simpson, entre otros.
De igual manera, durante finales del siglo XIX y en el XX, la preocupación principal de los Estados era la seguridad nacional, mientras el ser humano y sus derechos estaban devaluados. Así mismo, poco se relacionaban estas cuestiones con las posibilidades u obstáculos de desarrollo económico y social de los países y municipios. Eran temas policiales de “segunda clase”, que sólo se abordaban en novelas, páginas interiores de los diarios y, nunca aparecían en campañas electorales. Tampoco eran motivo de atención primaria de las ciencias sociales, independientemente que se pueden encontrar autores como Emile Durkheim, o la Escuela de Chicago que sí le pusieron atención al fenómeno como algo preocupante para la sociedad.
Para trabajar por la seguridad ciudadana es vital tener un enfoque multidisciplinario, donde juega un papel importante la Criminología que hunde sus raíces en el Código de Hammurabi que data desde 1700 antes de Cristo. Esta disciplina estudia la conducta o comportamiento violento no delictivo y el delincuencial, lo mismo que la reacción social y los diversos controles formales e informales con que cuenta la sociedad para prevenirlos y/o sancionarlos. Otras disciplinas íntimamente relacionadas con el tema son Sociología, Derecho, Sicología, Educación, Comunicación Social, Economía, Salud y, Arquitectura. Con los grandes cambios mundiales se ha incorporado con beligerancia en las Relaciones Internacionales; más aún, hoy no puede entenderse integralmente la seguridad ciudadana si no se tiene una idea clara de los vaivenes internacionales.
En el ámbito académico universitario, la seguridad ciudadana, como tema en construcción, se empieza a incluir en algunas de las carreras de las disciplinas antes mencionadas, y están apareciendo postgrados al mismo tiempo que se diseñan doctorados en dicha área. También es motivo de inclusión en planes de estudio e intervención en la niñez y adolescencia.
Se está viviendo, entonces, el primer momento de la importancia de la seguridad ciudadana en la sociedad, destacándose su preocupación por parte de gobiernos, municipalidades, organismos no gubernamentales y, de organismos internacionales como Naciones Unidas, Banco Interamericano de Desarrollo y, el Banco Mundial. Simultáneamente se experimenta su inclusión en los centros de investigación, y en redes mundiales.
El autor es consultor en seguridad ciudadana.