Dick Cheney
Desde los ataques del 11 de septiembre, todos los niveles de nuestro gobierno han tomado medidas importantes para proteger a Norteamérica del terrorismo. Creamos el Departamento de Seguridad Interna para movilizarnos contra una amplia gama de posibles amenazas. Más de 50,000 inspectores federales de equipajes se han desplegado en nuestros aeropuertos. Hemos puesto más alguaciles en los aviones e incrementado la seguridad en plantas de generación de electricidad, puertos y cruces fronterizos. Hemos comenzado a inocular contra la viruela a las tropas y trabajadores de salud de primera línea y vamos acumulando suficiente vacuna antivariólica para todos los norteamericanos. Usamos nuevas tecnologías para detectar armas de destrucción en masa. Establecimos un Centro de Integración de la Amenaza Terrorista para combinar y analizar en un solo lugar toda la información sobre amenazas. Comenzamos a instalar una defensa contra mísiles balísticos, e iniciamos el Proyecto Escudo Biológico, amplio esfuerzo para desarrollar y hacer disponibles drogas y vacunas efectivas y modernas para proteger de ataques con armas biológicas y químicas y otros agentes peligrosos. Con estas medidas, tratamos de proteger a nuestra nación de peligros nuevos y temibles. Pero si bien las amenazas que encaramos no tienen precedentes, nuestras responsabilidades nos resultan familiares.
Una vez más, nos defendemos a nosotros y la seguridad y supervivencia de la propia civilización. Como lo dijo el presidente Bush, aceptamos esta responsabilidad. Hoy Norteamérica lideriza una coalición mundial que comparte inteligencia, da caza a los terroristas, congela los activos de grupos terroristas y organizaciones de fachada. Le quitamos a Al-Qaida su baluarte en Afganistán. Y, como lo hemos visto esta misma semana, seguimos desbaratando sus esfuerzos para reagruparse. Hemos capturado o matado a importantes terroristas de Al-Qaida y hemos dislocado su cadena de mando. Nuestros funcionarios de aplicación de la ley y de inteligencia trabajan mucho y con empeño para frustrar complots terroristas, tanto aquí como en el extranjero. Y aunque muchos de sus éxitos deben seguir secretos, puedo decirles a ustedes que desde el 11 de septiembre se han frustrado numerosos ataques terroristas contra Estados Unidos y nuestros aliados.
Estados Unidos y nuestros aliados han desmantelado también células terroristas en Italia, España, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Singapur, Malasia, y han congelado muchos millones de dólares en bienes terroristas. Hemos arrestado en todo el mundo a más de 3,000 sospechosos de terrorismo y hemos puesto fuera de acción a muchos de los máximos líderes de Al-Qaida, responsables de asesinar norteamericanos y otros ciudadanos inocentes. Y seguiremos cazando a aquéllos que siguen prófugos.
Allí donde se trata de Al-Qaida y sus aliados, lidiamos con una red que opera en 50 o más países en todo el mundo, que ha asesinado norteamericanos en Bali, en Kuwait, en Yemen y en Jordania, y que está decidida a adquirir y usar armas de destrucción en masa contra nosotros y nuestros aliados. Contra tales enemigos, Norteamérica y el mundo civilizado tienen una sola opción: dondequiera que operen los terroristas, los encontraremos; dondequiera que estén, les daremos caza.
Continuaremos también nuestros esfuerzos para atender el grave peligro que plantea el régimen forajido de Irak. No permitiremos que un dictador brutal con vínculos con el terrorismo y un historial de agresión temeraria que domine el Mediano Oriente y amenace a los Estados Unidos de América.
Hace doce años, Sadam Hussein aceptó despojar a Irak de todas sus armas de destrucción en masa. Durante 12 años ha violado ese acuerdo, buscando armas químicas, biológicas y nucleares incluso mientras los inspectores de las Naciones Unidas estaban en Irak. El otoño pasado, gracias al liderato del presidente Bush, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución que le daba a Irak una oportunidad final de desarmarse. Se enviaron a Irak inspectores, no para determinar si Sadam tiene armas de destrucción en masa, sino simplemente para confirmar que Irak se ha desarmado verdaderamente a sí mismo, como lo requieren las resoluciones del Consejo de Seguridad. Desafortunadamente, la declaración que Irak entregó el mes pasado acerca de su programa de armas y misiles demostró claramente que Sadam no tiene en absoluto la intención de cumplir con las demandas del mundo.
Hace algún tiempo las Naciones Unidas confirmaron que Irak tiene bastante material como para producir 25,000 litros de ántrax, más de 38,000 litros de toxina botulínica y tanto como 500 toneladas de sarín, gas mostaza y agentes neuro tóxicos VX. Sabemos que tenía alrededor de 30,000 proyectiles capaces de transportar armas químicas y varios laboratorios biológicos móviles diseñados para producir agentes de guerra bacteriológica mientras van de un lado a otro. Pero Sadam Hussein nunca ha rendido cuentas ni destruido estos instrumentos del terrorismo. Y su deseo de armas nucleares sigue sin disminuir. Sadam Hussein sigue con su juego de desafío, demora y engaño de una década de duración. Bloquea el reconocimiento aéreo irrestricto. Sus agentes de seguridad les ocultan a los inspectores de las Naciones Unidas documentos y materiales. Sus agentes de inteligencia se hacen pasar por científicos. Y Sadam Hussein ha decretado que los verdaderos científicos que cooperen con los inspectores de las Naciones Unidas serán asesinados, junto con sus familias.
La búsqueda de armas de destrucción en masa que lleva a cabo Sadam Hussein plantea un peligro grave, no sólo a sus vecinos, sino también a Estados Unidos. Su régimen ayuda y protege a terroristas, inclusive miembros de Al-Qaida. Podría decidir secretamente proveerles a los terroristas armas de destrucción en masa para usarlas contra nosotros. Y como lo dijo el presidente la noche del martes, necesitaría sólo un frasco, un bote, una caja para llevarle a nuestra nación un día de horror como nunca lo hemos conocido.
Esa es la razón por la cual enfrentar la amenaza planteada por Irak no distrae de la guerra contra el terrorismo, es absolutamente decisiva para ganarle la guerra al terrorismo. Norteamérica busca un mundo de paz, pero no aceptará una amenaza grave a nuestro país, a nuestros amigos y a nuestros aliados. Hoy miércoles, el secretario de Estado Powell presenta al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas información y datos de inteligencia acerca del actual desafío de Irak. Nuestro propósito no es simplemente seguir un proceso, es terminar con las terribles amenazas al mundo civilizado. Y como lo dijo el presidente la otra noche, el rumbo de esta nación no depende de decisiones de otros.
El autor es Vicepresidente de Estados Unidos, discurso pronunciado en la Trigésima Conferencia de Acción Política Conservadora, Arlington, Virginia.