De la “reaganomics” a la “bushonomics”

Rómulo Sánchez Leytón “La tarea del gobierno, no es controlar o manejar la economía, sino limpiar las piedras del camino.” G.W. Bush Tiene demasiados riesgos, apostar a pronosticar con certeza el comportamiento de la economía mundial. Una guerra con Irak, dependiendo de la duración de la misma, tendría duras consecuencias para el balance económico del […]

Rómulo Sánchez Leytón

“La tarea del gobierno, no es controlar o manejar la economía, sino limpiar las piedras del camino.” G.W. Bush

Tiene demasiados riesgos, apostar a pronosticar con certeza el comportamiento de la economía mundial. Una guerra con Irak, dependiendo de la duración de la misma, tendría duras consecuencias para el balance económico del 2003. La incertidumbre reina sobre la economía estadounidense y mundial.

A escasos dos años antes de las elecciones en Estados Unidos, éstas ya se han calentado. Con un programa económico, de 674 mil millones de dólares para los próximos diez años y bondades fiscales, se busca enderezar la economía. Sólo en el 2003 se destinarán 104 mil millones de dólares. Sobre US$ 300 mil millones suman las reducciones previstas de impuestos, al caerse la doble tributación a los dividendos. Con un estímulo económico parecido y bajo duras críticas, inició Reagan en 1981 la más grande reducción de los impuestos en la historia de los Estados Unidos. El favorecimiento fiscal de las capas monopolistas financieras, fue conocido como Reaganomics. Bush parece seguir ese sendero.

Con el programa se benefician de manera sustancial los grupos de ingresos altos. El mismo incluye la reducción del impuesto a la renta, así como, la eliminación del impuesto a los dividendos. No se descarta que esto puede ser letal para los planes de Bush. La progresividad del sistema, hace que los más beneficiados, sean también, los que más contribuyan a los ingresos del presupuesto gubernamental. En el corto plazo, es difícil asegurar los resultados previstos. En el largo plazo, la economía podría beneficiarse de la reducción de la tasa de impuestos; pues incentiva elevar el potencial del crecimiento. Para el prominente profesor Paul Krugman, de la Universidad de Princenton, el programa es sólo un manto, para “librar de impuestos a los más ricos”.

El paquete contiene además prolongar el tiempo, en que los desempleados reciben la ayuda financiera; mejoras en las amortizaciones de las empresas pequeñas. Incluye elevar el monto de dinero a los niños, liberar a las parejas de las contribuciones etc. Además prolongará la medida de reducción de impuesto, que concluía en el 2001. Así como adelantar la reducción de impuestos que estaban programadas para el 2004 y el 2006.

La situación del mercado de trabajo se ha visto deteriorada. En diciembre del 2002 la tasa de desempleo se mantenía en 6 por ciento. Fuera de la agricultura fueron eliminadas 101,000 plazas. En el comercio a causa de las precarias ventas navideñas, fueron despedidos unos 104,000 empleados. La confianza del consumo también cayó a 80.3 puntos. Creció sólo la compra de autos en un 5 por ciento frente en diciembre pasado. Mientras en Europa la producción industrial se recupera en Estados Unidos, tiende a contraerse. Sólo se utiliza 75.4 por ciento de las capacidades instaladas. El déficit comercial estadounidense es uno de los más grandes en la historia económica del país.

La inflación se ha estirado debido a los costos energéticos. Estados Unidos depende en un15 por ciento de los suministros de Venezuela. Ninguna potencia de la tierra es tan dependiente del petróleo como los Estadod Unidos. En el 2001 consumieron 19.6 millones de barriles por día. Más de un cuarto del consumo mundial. No hay duda que La Pax Americana traería muchos riesgos para la economía mundial. Casi nadie duda que, por eso, la guerra que parece inminente, está relacionada con mantener el importante suministro del crudo. Los mercados son poco amigos de la incertidumbre y la inestabilidad. De ahí que también la guerra tenga elevados riesgos para los precios del petróleo. En caso de una guerra con Irak, la Reserva Federal elevarían los intereses.

Para que el programa de Bush pase, necesita la aceptación de los opositores demócratas en el senado. El tiempo puede transcurrir, la guerra, puede llegar, antes que las medidas puedan ser aplicadas y surjan los efectos. En consecuencia la reducción de los impuestos puede llegar cuando sea muy tarde para reactivar la economía. A las medidas de política económica de Bush, le pasaría lo de la anécdota del “loco de la ducha”, que en el baño, le era imposible controlar la temperatura del agua, siempre ésta, le salía o muy caliente o muy fría.

El paquete del presidente Bush no tiene contemplado reducir los gastos. La reducción de los impuestos, elevarán los créditos del gobierno y aumentará el déficit público. La excesiva demanda de crédito, dispararía también las tasas de interés y postergaría la recuperación de las inversiones privadas. Esto provocaría un enfriamiento del crecimiento. Paralelo a ello, es necesario, considerar los efectos que provocaría una guerra con Irak. Debido al mal manejo económico, se espera que el creciente déficit público alcance en el 2003 los 300 mil millones de dólares. Cerca del 3 por ciento del PIB y, aumentará en el 2004 a 375 mil millones de dólares.

En Estados Unidos 90 por ciento de la riqueza es controlada por el 18 por ciento de la población. Eso quiere decir, que se beneficiarán los más acaudalados. Las capas medias invierten en las cuentas de pensiones. La propuesta de Bush no vale para ellos. La prudencia fiscal se compensará con reducción del gasto en otras áreas. Entiéndase reducción en: educación, salud, investigación y medio ambiente. Especialistas opinan que en lugar de eliminar la doble tributación de los dividendos y las ganancias. Se debiera de reducir a la mitad la tasa de impuestos. Un mínimo cambio en la tasa impositiva, modifica el comportamiento de los inversionistas. Las empresas toman actualmente pocos préstamos de capital.

En todo caso, está por verse, qué exitosa será la era de la Bushonomics, las controversias y las críticas son muchas. La meta de reanimar la economía se ve amenazada por un endeble financiamiento del programa. Seguro, cómo no hay almuerzo gratis (M. Friedman), en el futuro cercano, la deuda interna como la externa deberán ser pagadas. Para lograrlo el Estado deberán subir los impuestos. Los magros impuestos actuarán como bumerán. La alegría de los ciudadanos estadounidense por los bajos tributos, sería muy breve. Después de todo, el presidente Bush debe saber que las guerras no traen bonanza económica. La guerra del Golfo fue caldo de cultivo de la recesión. No es casual que su padre, perdió las elecciones en 1992 por la precaria situación económica. Las metas bélicas y los objetivos económicos, no siempre coinciden. Con la guerra a secas, no se “limpian las piedras del camino”, como se piensa.

El autor es Doctor en Economía.  

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