José Rijo ha sido un ejemplo de determinación, al seguir en las Mayores a pesar de cinco operaciones en el codo de su brazo de lanzar. Aún siente que puede sacar muchos outs. (LA PRENSA/E. Rodríguez)

Voluntad y fe

Después de cinco cirugías, sigue sacando outs Edgard Rodríguez C. [email protected] A José Rijo le entusiasma igual, subir a una colina a aniquilar adversarios, o presentarse sobre un escenario para interpretar, al mejor estilo de Frank Sinatra, A mí manera. “Cantar es una opción que tengo para cuando deje de lanzar”, dice, mientras sonríe. “No, […]

  • Después de cinco cirugías, sigue sacando outs

Edgard Rodríguez C. [email protected]

A José Rijo le entusiasma igual, subir a una colina a aniquilar adversarios, o presentarse sobre un escenario para interpretar, al mejor estilo de Frank Sinatra, A mí manera.

“Cantar es una opción que tengo para cuando deje de lanzar”, dice, mientras sonríe. “No, lo cierto es que lo hago porque me alegra el espíritu. Lo hago para mis amigos”.

Hace unos años, las sonrisas no eran muy frecuentes en el rostro de Rijo, un brillante prospecto de San Cristóbal, República Dominicana, firmado por los Yanquis de Nueva York, transferido luego a Oakland, para convertirse después en estrella con los Rojos de Cincinnati.

Durante cinco años, Rijo ganó al menos 14 juegos y registró efectividades por debajo del 3.00. Y en 1990, alcanzó la cumbre, cuando fue nombrado Jugador Más Valioso en la Serie Mundial, que los Rojos le barrieron a los todopoderosos Atléticos de Mark McGwire y José Canseco.

“Ese ha sido mi mejor momento porque, como se dice, cuando se gana es cuando se goza. Que tu equipo gane es lo más esencial y ese año (1990) ganamos la Serie Mundial”, recuerda Rijo, quien junto a Eric Davis, Barry Larkin, Chris Sabo y Billy Hatcher, hundieron a Oakland.

Sin embargo, lo que más admiración ha despertado en Rijo ahora, no son propiamente sus logros en el terreno, sino la determinación que mostró para volver a las Grandes Ligas, después de cinco años de ausencia y cinco operaciones en el codo de su brazo derecho.

“En los últimos cinco años de mi carrera había lanzado con dolor, y llegó un momento que tenía que operarme. Tenía un sobrehueso que me rompió los tendones y se consideró que ya no podría volver a lanzar”, sostiene el ganador de 116 juegos en las Ligas Mayores.

Pero tras una operación vino otra, otra y otra. Cinco en total. Y el dolor persistía. Mientras eso ocurría, José intentaba al menos quince veces un regreso, pero el dolor seguía. Hasta un día en el que para su asombro, no tuvo ninguna dificultad y volvió a sonreír.

“Pienso que Dios puso la mirada en mí y vio que necesitaba un chance. Lancé sin dolor y los Rojos me dieron la oportunidad de regresar. No he vuelto por dinero, volví por respeto y porque deseo dar un ejemplo a los que se han lastimado y se han quedado ahí”, dice Rijo.

Y qué bien lo hizo. Después de su retorno a las Mayores, también lo hicieron en el béisbol de la República Dominicana Ramón Martínez, Mélido Pérez, Henry Rodríguez y Melquíades Rojas, entre otros. Ver a Rijo, les dio una esperanza.

SUS BIENES

José Rijo es propietario de un espectacular complejo para adiestramiento de peloteros llamado “Lomas del Sueño”, situado justamente en una loma en San Cristóbal. Tiene un costo de 10 millones de dólares y es alquilado a los Rojos y Yanquis.

También tiene un bar llamado “Cigarro-Café”, donde los clientes adquieren puros, wisky, vinos y a la vez, escuchan música de John Secada o Sergio Ruiz, mientras saludan y se fotografían con big leaguers, quienes a menudo se reúnen en ese lugar.  

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