Una prevención más eficaz del Sida

Jairo Vanegas Ló[email protected]

El VIH aún no es curable y la prevención continúa siendo la piedra angular del control. Las estadísticas confirman que está íntimamente relacionado con actitudes, comportamientos y las relaciones humanas: cambios frecuentes de pareja sexual, infidelidad, prostitución, drogadicción… Es por ello que el objetivo de un programa de prevención eficaz es la modificación de esa actitud que hace al individuo susceptible al virus. La experiencia ha demostrado que la información por sí sola no es eficaz para motivar o sostener a lo largo del tiempo la modificación del comportamiento.

El objetivo de la prevención debería ser la formación y educación de los individuos, incluso desde las primeras etapas de la vida, para que éstos adopten hábitos, conductas, estilos de vida y de consumo saludables.

Se dirigirían a promover conductas y formas de asumir una sexualidad madura y responsable, contrarrestando los nocivos patrones de conducta sexual. Los mensajes deben ajustarse estrictamente a la verdad so pena de perder eficacia. Tal es el caso de la promoción del condón como “sexo seguro”, lo cual no se ajusta plenamente a la verdad. Este tipo de mensaje genera en jóvenes una falsa sensación de seguridad y que lejos de abandonar las prácticas sexuales riesgosas, las incrementan.

El National Institutes of Health’s (USA) refirió (20/07/01), que el índice de falla del condón es del 15 por ciento. En publicación No HHS-88-8405 del Departament of Health and Human Services, Center for Disease Control, refieren que el condón no es seguro, se aconseja tener relaciones sexuales con una sola persona que no esté infectada y ser mutuamente fieles y que la manera más eficaz para prevenir el Sida es no exponerse al virus. Esto nos lleva a que la prevención depende de su conducta, que es donde está el verdadero problema.

Por lo tanto, el uso del condón conduce inevitablemente a 5 caminos peligrosos al joven: que el “sexo seguro” es factible, que todos lo están haciendo, que los adultos responsables esperan que lo hagan y que es algo bueno.

Como ejemplo: imagínese que alguien le obsequia un boleto aéreo y le dice que la aerolínea sólo tiene una seguridad del 80 por ciento, es decir, que de 10 vuelos sólo llegarán a su destino 8 aviones. ¿Usted volaría con esta aerolínea? ¿Qué cantidad de riesgo es aceptable cuando está hablando acerca de la vida misma? Sabemos que basta sólo una vez para contraer el VIH. Decir a un joven que “reduzca su riesgo” en un porcentaje determinado, resulta ridículo, sería como jugar a la ruleta rusa. Por lo tanto, debemos cuestionarnos seriamente si las campañas de prevención han tenido en cuenta otros elementos de más fondo.

La prevención debe tener un enfoque integrador, donde además de cursos sobre sexualidad, debamos profundizar en iniciativas para la eliminación de las causas de la pobreza, la falta de equidad, la injusticia y la marginalidad, acceso a la educación, la ayuda espiritual y la psicológica, entre otras.

Es vital la formación a partir de los valores en los jóvenes, donde no hay valores no hay verdadera educación, puede haber instrucción, capacitación, pero nunca educación. La “educación en valores consiste en ir despertando y alimentando la sensibilidad, el sentido ético, para el discernimiento, ante las disímiles circunstancias y situaciones que deberá encararse a lo largo de su vida”, o sea, necesitamos formar jóvenes resilintes, capaces de construir sobre las adversidades.

Algunos investigadores refieren que la educación sexual debe tener como meta la madurez de la personalidad, una educación con un enfoque personalista que facilite a los jóvenes, descubrir y asumir los profundos significados antropológicos de su sexualidad. La educación sexual no estará completa, sino se acompaña de una educación para el amor que tenga como marco referencial los “valores humanos”, lo que es denominada “educación afectivo-sexual en los valores”.

El individuo va asumiendo valores básicos como el compromiso, la voluntad, la apertura y la entrega a otros, la autoestima, el pudor, la fidelidad, el respeto, y la libertad como realización de la verdad en la responsabilidad, lo cual contribuirá a su realización y planificación humana. De seguro una sexualidad integrada de esta manera no dejará margen alguno para la entrada del VIH.

El autor es médico.  

Editorial
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