Erick Eduardo Zepeda B.
La noche del martes 28, El presidente de los Estados Unidos de América, Bush, pronunció su mensaje anual a la nación en un contorno muy particular donde cada norteamericano —demócrata o republicano— buscaba en dicho mensaje un alivio al temor e inseguridad que les embarga desde el pasado septiembre 2001.
En mi opinión, este mensaje pone en evidencia:
1. A la Norteamérica de hoy llena de miedo, furia y ansiosa por venganza.
2. A la Norteamérica desafiante, irrespetuosa y desleal, proclamando abiertamente la desobediencia a la ONU. “EUA no depende de la decisión de otros¨.
3. El cinismo de un país que proclama que el 70 por ciento de la ayuda alimenticia al mundo proviene de su pueblo noble. Acaso los miles de muertos por el inminente ataque a Irak serian beneficiarios de esta ayuda.
4. La intolerancia de un régimen capitalista hacia lo diferente.
5. A la Norteamérica ya descrita por Octavio Paz, en Posdata, “creyente de merecerse todo por derecho”.
6. A la Norteamérica profana… A la que dicta pero no escucha. A la Norteamérica impotente…
Sí, impotente. Bush hizo referencia a Hussein, Corea del Norte, Educación, el Sida en África y Bin Laden. ¿Es que no es él, el único responsable de esta furia? ¿Qué están haciendo los comandantes pulcramente uniformados que estaban sentados frente al presidente Bush para encontrar el verdadero camino a la solución?
Al final, nuestra Latinoamérica fue la gran ausente en este mensaje, lo cual no significa que no sea protagonista de esta historia. El 2003 empieza marcando cambios esenciales en una Latinoamérica donde el conflicto ideológico entre corrientes políticas izquierdistas y derechistas se acentúa y en donde el capitalismo gana asiduos enemigos todos los días.