Los regalos disonantes

Douglas [email protected]

Un día después que Ricardo Mayorga noqueara a Vernon Forrest, contra pronósticos, escuché en la radio la sugerencia de que el gobierno entregue un regalo al boxeador nicaragüense, una casa o un carro, como ha sido costumbre con los nuevos campeones, lo que me parece discutible.

Sería mejor que el gobierno abandonara esa costumbre dadivosa y creara una verdadera política de premiación, no de regalías, para distinguir cada año a los nicaragüenses destacados tanto en el deporte como en las artes o las ciencias, en base a obras o méritos indiscutibles, seleccionados por un jurado competente.

Cada vez que un presidente ha querido darle un regalo a un boxeador o a un beisbolista, lo ha hecho según su voluntad porque ninguna ley le obliga ni se lo impide, pero es injusto que gratifiquen a unos deportistas y a otros no, o que usen criterios dudosos para recompensar.

Me pregunto, por ejemplo, ¿por qué el gobierno tiene que darle regalos especiales a boxeadores profesionales, pero no a gimnastas aficionados que han ganado medallas en competencias internacionales?

Si con esos obsequios ha querido reconocer el mérito de deportistas que glorifican a Nicaragua, tendría que haberle dado retribuciones valiosas a Svitlana Kashchenko, que consiguió medalla de oro en tiro deportivo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador, o a la judoka Xóchitl Arauz que ganó medallas de plata y bronce en los torneos panamericano, iberoamericano y centroamericano.

Cuando el gobierno da casas a campeones del boxeo, los funcionarios suelen señalar la pobreza en que han vivido esos atletas. Es cierto, pero les hacen las regalías justo cuando empiezan a ganar mucho dinero. Además, la razón debe ser su mérito deportivo, no su circunstancia económica.

Si el gobierno quiere que los deportistas relevantes vivan mejor, tendría que darle preferencia a los que no pueden conseguir contratos millonarios, porque a los campeones del boxeo se les abren muchas posibilidades en ese negocio.

Los atletas que tienen la suerte de empezar a ganar suficiente dinero, incluso para comprar casas y carros mejores que los donados por el gobierno, merecen las condecoraciones, pero necesitan menos de los regalos materiales.

A veces los presidentes dan obsequios a deportistas destacados, pensando más en ganarse el aprecio de los aficionados, con un interés más político; y por eso prefieren a los atletas más conocidos, los que más influyen en el público, con los que se toman fotos o aparecen en público.

Si el gobierno quiere en realidad premiar los talentos de Nicaragua y congregar iniciativas dispersas, que instituya una selección anual de los mejores atletas, músicos, escritores, bailarines, ensayistas, pintores, cineastas, historiadores y científicos, entre otras especialidades, a los que puede galardonar con diplomas y dotes monetarias establecidas de forma legal. Una política así estimularía la creatividad y los aportes, a la vez que disminuiría el menosprecio a las artes locales.  

Editorial
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