Benito Agustín Díaz Ló[email protected]
Padres y maestros viven estos días en constante preocupación y no es para menos. El inicio de un nuevo año escolar absorbe, quizá más, a padres que a maestros. Hay que preparar a los hijos, desembolsar fuertes sumas de dinero que a veces no hay, comprar uniformes, libros y otros gastos y hoy que se inician las clases, llegar a la escuela para ver con quién quedan los hijos, y si es posible, dar a la maestra recomendaciones para que los considere.
Para muchos padres ahí terminó todo. La mayoría de los centros se quejan de que no hay participación de los padres en la educación de los hijos. A muchos la escuela no les interesa, porque la responsabilidad es del maestro. Participar en la escuela es romper la indiferencia, tener como prioridad de padres el adelanto de los hijos, y para eso hay que mantener una relación familiar con el colegio. Es necesario que los padre vuelvan a las aulas, se entrevisten con los profesores, con los responsables de la orientación, con la dirección para cerciorarse de cómo van los hijos.
Muchos de los fracasos escolares tienen su corresponsabilidad en los padres, del todo indiferentes al desarrollo educativo de los hijos. Desde el inicio del año, los responsables de los centros organizan encuentros en la Escuela de Padres. La comunidad educativa exige la participación activa de todos sus miembros. Profesores, padres y alumnos. En la medida en que cada uno ponga su cuota de interés, la escuela irá bien.
La ausencia de los padres tiene muchas causas. En muchos casos los alumnos carecen de padres, por ser de familias monoparentales o destruidas. Pero la gran excusa que presentan muchos padres es no tener tiempo. Es una lástima que un señor tenga tiempo para los negocios, para los juegos, para los amigos, pero no para la familia y menos para los hijos.
El único interés de muchos padres es al momento de recibir las notas. Entonces son jueces de los hijos que se limitan a felicitar y a vituperarlos si las notas no son como ellos esperan. Padres: Esas notas, además del esfuerzo del hijo, siempre necesario, implican también vuestra preocupación.
Padres preocupados por los hijos, como acompañantes en el camino del aprendizaje, hacen que los hijos vivan en un estado emocional que les permita desenvolverse en las aulas con más tranquilidad personal, sin angustias, tienen interés por el estudio, encuentran estímulo en las dificultades y mayor seguridad en ellos mismos.
Son los padres, los que con su participación en el proceso educativo del hijo, aportan un valioso aporte, no sólo al hijo, sino también al maestro, a la escuela en general.
Padres: Vuelvan a la escuela. Allí están los mayores tesoros que ustedes tienen, los hijos, esas joyas de valor infinito que Dios les ha encomendado. Los padres deben saber en qué manos están sus hijos, quiénes son esos orfebres a quienes han confiado lo más valioso que tienen. No interesarse por la vida de los hijos en la escuela, no conocer a la maestra que comparte sus preocupaciones en la educación de los hijos, no valorar esfuerzos que los otros hacen, no estar a su lado cuando la maestra los necesita para bien del hijo, esos comportamientos lamentables en muchos padres perjudican seriamente a los hijos.
Padres: En la escuela de vuestros hijos, en vuestra escuela, hay mucho que hacer y en ello se necesita la participación de los padres. Hay mucho que falta en la escuela, y si quieren que los hijos estén bien, no pueden ser indiferentes al llamado a los responsables de la educación. Acercarse al centro para interesarse por los hijos, asistir a la convocatoria que la dirección hace, participar en reuniones, colaborar en las fiestas escolares, es una manera muy clara de volver a la escuela, a la de vuestros hijos, que ahora también es la vuestra. De vuestra participación, depende en gran parte, que vuestros hijos estén mejor.
Padres: Volver a la escuela de vuestros hijos es una manera imprescindible para estar al día en el proceso formativo de vuestros hijos y daros cuenta de lo que vuestros hijos, hoy, no importa la edad, necesitan de vosotros.
El autor es Religioso, Colegio La Salle-León.