Más allá del equilibrio militar

Mario Alfaro Alvarado

Pasados 40 años el Ejército de Cuba sigue siendo el más grande, poderoso y mejor equipado de América, después de los Estados Unidos. El poder real emana del cañón de los fusiles, pontificó Mao Tse-Tung. ¡Y vaya que los fusiles sirvieron para mantener por 43 años a los Somoza en el poder!

Los sandinistas quisieron copiar la aventura de Fidel Castro y se adhirieron al plan soviético de exportar el comunismo a la tierra firme americana, precisamente muy cerca del Canal de Panamá para provocar a Washington. La munificencia moscovita proveyó a la nueva revolución triunfante, de un inmenso arsenal de armas muy modernas. Con instructores cubanos, instruidos a su vez por instructores rusos, dieron inicio a la construcción del mayor y mejor equipado ejército de Centroamérica, lo cual produjo un marcado desbalance en las fuerzas militares de la región.

En un informe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos se describe en poder del régimen sandinista un esquemático inventario del “arsenal más sofisticado de la región”: un sistema de lanzacohetes múltiples, móviles y estacionarios, BM21; centenares de mísiles tierra-aire SA-7, SA-14 Y SA-16; cañones D-20 de 155 milímetros (con cañones de este calibre, los Estados Unidos fortificaron el Puerto de Corinto, después del ataque a Pearl Harbor por los japoneses); 130 tanques T55 y 22 tanques anfibios PT-76; vehículos de transporte blindados y anfibios BTR-60BP; vehículos de reconocimiento BRDM; un sistema sofisticado de comunicación y de radar; cinco versiones de vehículos blindados del BRDM-2; vehículos de reconocimiento químico-radiológico; vehículos de lanzacohetes SA-9; vehículos de comando sin torres de artillería; vehículos de comando; vehículos de ATGM y vehículos de reconocimiento básico.

Todo este formidable armamento rompió el balance de las fuerzas militares en Centroamérica, y, desde luego, creó inquietud y temor en los vecinos más cercanos de Nicaragua.

Los temibles helicópteros artillados MI, llamados “tanque voladores”, no le dieron la supremacía aérea al sandinismo, porque los Estados Unidos les hizo saber a los comandantes que no permitiría la llegada a Nicaragua de los aviones Mig 15 ó 17 prometidos y, al mismo tiempo, proveyeron de aviones F-17 a Honduras, con lo cual equilibraron el poder militar entre estas dos naciones.

La guerra antisandinista se combatió en terrenos montañosos, donde no se pueden utilizar los tanques ni la artillería pesada. Y aunque el EPS llegó a acumular una desmesurada fuerza militar de más de 200 mil hombres, nunca pudo empeñarlos todos en una guerra irregular que se resolvió por el uso de numerosas fuerzas pequeñas y móviles, entrenadas en tácticas guerrilleras y muy difíciles de aniquilar.

Aquellas armas que no sirvieron para sojuzgar al pueblo ni establecer en Nicaragua una avanzada comunista para convertir a la Cordillera de los Andes en una inmensa Sierra Maestra, como era el sueño de Castro y de sus seguidores en Nicaragua, siguen causando dificultades a la reorganización democrática de este país.

Su esencia dañina ahora se inscribe en el indefinido marco de la amenaza terrorista que conspira en la sombra en espera del momento para atacar y han convertido a Nicaragua en un centro comercial de materiales bélicos.

Aunque aquí las armas dejaron una secuela de daños y dolor, su acción nociva no se agota y han puesto a este país, que quiere vivir en paz y progresar, frente al veredicto internacional que ve en el terrorismo una amenaza globalizada sin restricciones morales.

El autor es periodista.  

Editorial
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