La semana pasada se celebró en San José de Costa Rica la primera ronda de negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFCA), que según los participantes por ser precisamente la primera discusión fue básicamente de reconocimientos y aproximaciones.
Pero en cualquiera de sus fases las negociaciones del CAFA son de primordial significación, porque éste y los demás tratados de libre comercio van a determinar las condiciones para el desarrollo económico y social de todos y cada uno de los países centroamericanos. Aún sin el CAFCA Estados Unidos y Centroamérica son socios comerciales de primera importancia, pues, según informó LA PRENSA del viernes pasado, el 43 por ciento de las exportaciones centroamericanas va a Estados Unidos, y el 42 por ciento de sus importaciones son estadounidenses. Y cuando comience a funcionar el Tratado de Libre Comercio esa relación será mucho más determinante.
En las negociaciones de San José los representantes centroamericanos concentraron sus esfuerzos en convencer a la parte estadounidense de que es necesario que se les conceda a nuestros países tratamientos preferenciales. “Apoyamos las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), pero queremos que nos ofrezcan garantías de trato preferencial en su país”, solicitó el sector privado centroamericano a Regina Vargo, jefa negociadora de Estados Unidos, según reportó el Diario de Hoy de San Salvador. Y agregó que “la funcionaria estadounidense aceptó las sugerencias del empresariado regional y les dijo que no temieran, puesto que su país iba a negociar un tratado que les otorgara sólo beneficios”.
¡Qué bien! Sin embargo no hay que perder de vista que ante todo lo que deben hacer los países centroamericanos es desarrollar y aprovechar sus propias capacidades competitivas. Ciertamente, a pesar de las promesas de la representante estadounidense hay que considerar que así como los empresarios centroamericanos quieren obtener ventajas del libre comercio, también los de Estados Unidos buscan alcanzar los mayores beneficios posibles.
Siendo realistas, lo que más debería preocuparnos es aprovechar las posibilidades de competitividad que tendría el país si redujera los costos y aprovechara apropiadamente la mano de obra disponible; si eliminara las múltiples barreras que hacen mucho más difícil invertir y negociar honradamente en Nicaragua que en los otros países centroamericanos.
Al respecto diplomáticos extranjeros, representantes de organismos financieros internacionales y expertos en economía coinciden en señalar que Nicaragua tiene un gran potencial económico y muchas posibilidades de ser competitivo. Y que además, pese a que hay otros países mucho más pobres que Nicaragua, a éste la comunidad internacional lo favorece con generosos programas de financiamiento para superar la pobreza y fomentar el desarrollo, como es el caso del último acuerdo con el FMI. Pero los políticos nicaragüenses —tanto sandinistas como liberales o azul y blancos—, algunos por convicción ideológica, otros por torpeza y muchos por cobardía ante la presión del populismo socializante, sabotean esos acuerdos sin importarles dañar al país y en particular a las personas más pobres, a las que dicen representar.
¿Cómo es posible que los políticos sean tan irresponsables que usen el comercio como especie de arma de guerra en conflictos fronterizos, como es el caso del impuesto del 35 por ciento a las importaciones de Honduras con el que le causaron un grave daño al precario sistema de integración centroamericana? ¿Y cómo entender que no entiendan que no se puede gastar más de lo que se produce, y que en todo caso el déficit fiscal hay que mantenerlo en un nivel razonable y controlable?
Realmente es lamentable que Nicaragua no pueda aprovechar el potencial de sus propias ventajas competitivas, por culpa de unos políticos que cuando no son corruptos son populistas que siguen creyendo en la fábula de que se puede repartir bienestar sin producir riqueza, pidiendo ayuda extranjera en vez de trabajar y ahorrar para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo humano y social.
Precisamente en el aspecto político está el principal cuello de botella de Nicaragua, pues no se podría aprovechar apropiadamente las oportunidades del CAFCA sin promover a un nuevo liderazgo político integrado por personas con visión de país, inteligencia de estadistas, vocación de justicia y sentido de realismo económico. Pero que además y ante todo sean honrados. Sólo eso.