En tierra de nadie

Como en una selva, en ella sobrevive el más fuerte o el que tiene más mañas. Aunque aquí los “tarzanes”, pasan sus buenos sustos y reventones… y es que tras la secundaria, la universidad es el otro pegón que toca afrontar Amparo [email protected] Cuando Luis Dixon, procedente del Atlántico Sur, la pisó por primera vez […]

  • Como en una selva, en ella sobrevive el más fuerte o el que tiene más mañas. Aunque aquí los “tarzanes”, pasan sus buenos sustos y reventones… y es que tras la secundaria, la universidad es el otro pegón que toca afrontar

Amparo [email protected]

Cuando Luis Dixon, procedente del Atlántico Sur, la pisó por primera vez relata que se sintió tan perdido como un leñador en la capital. “No estaba acostumbrado a ver tanta gente y lógicamente, no sabía para dónde agarrar”, rememora.

Según cuenta, en aquel entonces, lo primero que hizo fue “pegársele” al primer despistado que encontró en el camino, para disimular su ignorancia. “Y mi cara de idiota”, añade el ahora egresado en Ingeniería Civil.

Aunque meses después la cosa cambió. “Me dediqué hacer amigos, a cepillar a los maestros y asistir a los bacanales para hacer mi ambiente, que de todo tuvo porque años después hasta del movimiento estudiantil me volví, para ser parte de los intocables”, admite.

Contrario a Dixon, Marlene Duarte estudiante de Economía Empresarial sobrevive en la “nueva escuela” a punta del estudio, y participando en las labores sociales que impulsa su universidad.

“Desde que vine aquí tuve claro que para salir ilesa, tenía que ponerme las pilas con las materias y por eso no me ha ido mal porque hasta beca tengo asignada”, comenta.

Como ella, al menos uno de cada diez universitarios en su casa de estudio (según nuestra encuesta aleatoria), reconoce que subsisten con la misma estrategia.

Aunque el resto del universo, de los aproximadamente 90 mil estudiantes que ingresan a la universidad, se las ingenian con tácticas más sofisticadas, que no siempre les funcionan.

¡Ay… papá!

Por ejemplo Luisa Estrada, ex alumna en la Facultad de Historia y originaria de Matagalpa, expone que por andar “dándoselas de viva”, acabó dejando la universidad.

Según su historia, todo comenzó cuando armó su “pelota” a inicios de 1998 cuando cursaba su primer año. “En ese tiempo yo estaba feliz ya que al fin disfrutaba de completa libertad, sin mi papá y mi mamá detrás de mí. Por lo que sólo me restaba hacer ambiente”, expresa.

De manera, que ideó dedicar las mañanas a las clases. Pero las tardes y las noches a la pachanga, que usualmente organizaba en la casa que alquilaba. Así pasó seis meses, hasta que se le apareció su progenitor y la cachó con las manos en la masa.

“Y hasta allí, llegó el juego. Mis padres me retiraron de las clases por miedo a un embarazo y tuve que regresar al pueblo. Ahora (2003) vuelvo a la universidad pero con más sentido de compromiso”, confiesa.

Las bromas

Sin embargo, hay quienes se la pasan mejor a puras bromas. Cairo Manuel Argüello es uno de ellos. Él cuenta que desde que llegó a la universidad no para de hacerlas. “El otro día (hace más de un mes), asusté a mis compañeras con unas ranas disecadas. Después les escondí los cuadernos, y les di un alegrón de burro asegurándoles que el tutor estaba enfermo”, señala.

Aunque más de alguna es de mal gusto. Por ejemplo las que suele hacer Eduardo Cárcamo, estudiante de arquitectura, son tan pesadas que ni su “flota” las soporta.

Su última “gracia” se las jugó en el Hipa Hipa. “Primero les propuse el reventón. Luego los convencí y les garanticé que nos veríamos a las nueve de la noche. Pero no llegué a la hora estipulada, sino que los llamé y los hice esperarme hasta la una de la madrugada. Claro, de tanto esperarme terminaron yéndose, llenos de aburrimiento”, refiere.

Al final…

Cada cual vive en lo suyo. Unos combinando las noches de estudio con alguna buena compañía o simplemente con cualquier cajetilla de cigarrillos. Y otros conjugando las horas de insomnio en los bares de esas grandes escuelas.

Pese a que hoy día, las nuevas generaciones no son tan hippie como diez años atrás ni tan “solidarios” como a inicios de los 80. Dixon insiste en que hoy sobrevive el que es vivo. En su juicio el que nunca pierde por sus mañas o el que al menos, demuestra fortaleza.

Sitios preferidos

Cada universidad es un mundo, que, por su ambiente arquitectónico tiende a clasificarse en muy “cool” o en “muy de pueblo”. Pese a que cada año se esmeran por mejorar su apariencia.

Los chavalos, cazadores de lo nuevo, prefieren para estudiar los sitios menos conservadores de todo el ambiente. Por ejemplo las bancas, los kioscos, los pasillos…

Y para divertirse igual. La gran mayoría, hace su bulla en gradas o en los bares-restaurantes, dispuestos para las meriendas y almuerzos de los muchachos.

Aunque este año, muchos inclusive están haciendo hasta uso de los “balcones” para armarse con la flota de amigos…  

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