- Por eso Nicaragua ofreció en El Salvador destruir esos cohetes tierra-aire
Rolando Flores [email protected]
La propuesta del canciller Norman Caldera de destruir los misiles SAM-7 que poseen las Fuerzas Armadas nicaragüenses, fue gestada mucho antes y a miles de millas de nuestro país.
La medida diplomática anunciada por Caldera la semana pasada en la Tercera Conferencia Interamericana contra el Terrorismo, en San Salvador, proponía la destrucción o el desmantelamiento gradual de los cohetes tierra-aire SAM 7, como muestra de la voluntad política de Nicaragua de “contribuir a la paz, el desarme y la seguridad generalizada” en la región.
Sin embargo, esta voluntad respondía también a los intereses del gobierno de los Estados Unidos, porque en diciembre pasado se creó un comité interagencial norteamericano, formado por la Administración de Seguridad del Transporte (TSA), representantes del Pentágono, del FBI y del Departamento de Estado, que estuvo reunido durante dos días para discutir únicamente la amenaza que suponen los misiles portátiles antiaéreos para las aerolíneas comerciales estadounidenses en todo el mundo.
La primera semana de enero ese comité envió un reporte preliminar al Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, proponiendo posibles acciones para reducir la amenaza.
“Hallaron que no hay una respuesta única para esta amenaza, no hay bala de plata”, dijo al diario The Washington Post un alto funcionario norteamericano el 15 de enero pasado. “Tendremos que considerar un número de acciones para reducir esta amenaza”.
Una de las medidas recomendadas fue “enviar oficiales estadounidenses a persuadir a las Fuerzas Armadas extranjeras de la necesidad de destruir algunos de sus misiles portátiles almacenados, y aumentar las medidas de seguridad para evitar el robo del resto”.
Precisamente, tres semanas después, el canciller nicaragüense presentaba su propuesta de desarme ante el foro centroamericano, y 24 horas más tarde el presidente Enrique Bolaños, el canciller Caldera, el Ministro de Defensa y representantes del Ejército recibían la visita de Dan Fisk, Subsecretario Adjunto del Departamento de Estado de Estados Unidos para América Latina, y de Lincoln Bloomfield, Subsecretario Adjunto para Asuntos Político-Militares.
Aunque la Presidencia no quiso revelar el motivo de la visita, en ese momento, esta semana el Canciller informó a LA PRENSA que los funcionarios norteamericanos le expresaron que “su preocupación es el control efectivo” de dicho armamento, sobre todo después de darse el desvío de armas nicaragüenses hacia Colombia.
“¿Cuál es la respuesta nuestra? Asegurarnos internamente con estas recomendaciones: que se den los controles y anunciarle al mundo: ‘Miren, señores, estamos trabajando para poner esos controles, para que se calmen esos nervios’. También asegurar que el armamento que tiene Nicaragua es el necesario para su seguridad dentro de un balance razonable de fuerzas en la región”, dijo Caldera.
ATENTADOS CON SAM-7
Aunque las Fuerzas Armadas y los Servicios de Inteligencia estadounidenses han estado conscientes durante décadas de la amenaza que representan los misiles portátiles, dos hechos posteriores al atentado del 11 de septiembre de 2001 provocaron la urgente necesidad de abordar este riesgo para las aerolíneas norteamericanas.
Uno sucedió en mayo de 2002, cuando un misil Sam-7 de fabricación rusa fue disparado contra un jet norteamericano, poco después de despegar de una base militar de Estados Unidos en Arabia Saudita. El proyectil no dio en el objetivo.
El 28 de noviembre otros dos misiles de la misma fabricación fueron disparados contra un jet israelí, segundos después de despegar en Mombasa, Kenia.
Las autoridades de Estados Unidos concluyeron que el grupo terrorista Al Qaeda estaba detrás de ambos atentados. Estos ataques confirmaron la información de los servicios de inteligencia estadounidenses sobre el acceso de Al Qaeda a estas armas, las que formarían parte de su nueva táctica terrorista.
CIVILES VIGILAN AEROPUERTOS
Otra de las medidas recomendadas al Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos es educar a la población, que vive en los alrededores de los aeropuertos de ese país para que sepan identificar este tipo de misiles, en caso de ver a alguien ensamblándolos, porque es relativamente fácil introducir los misiles SAM-7, y sus lanzadores pueden ser desmontados en pequeñas piezas y transportados en una camioneta.
Según expertos consultados por The Washington Post, estos misiles pueden ser lanzados desde la ventana de un vehículo liviano, permitiendo a los terroristas huir con facilidad.
El Consejo Nacional de Seguridad estudia también instalar mecanismos antimisiles en las aeronaves civiles, pero esto es altamente costoso y podría perjudicar más a la ya deprimida industria aérea.
De acuerdo con oficiales de Estados Unidos, existen más de 700,000 misiles tierra-aire en el mundo, pero se estima que milicias rebeldes y terroristas poseen varios miles de éstos. En el mercado negro de las armas este armamento se puede adquirir por unos 25,000 dólares.
EJÉRCITO PIDE PERMUTA
Extraoficialmente se conoció que el Ejército no estaría de acuerdo con la destrucción de los costosos cohetes SAM-7, a no ser que Estados Unidos ofreciera a cambio armamento de un valor similar o superior. La visita que realizaron esta semana al Comando Sur del Ejército estadounidense, el jefe del Ejército, Gral. Javier Carrión, junto con el ministro de Defensa y el jefe de la Fuerza Naval, habría tenido como objetivo discutir la posible permuta.
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