Elízabeth Romero [email protected]
Parricidio. Fue la respuesta rápida de Martín Adolfo Guadamuz, de 71 años de edad, al referirse a las causas de su cautiverio en el penal la Modelo, de Tipitapa.
Lleva contados los días. Tres años y un mes de guardar cárcel. La fecha no la olvida, fue un 20 de diciembre de 1999 cuando le quitó la vida a su cónyuge, en un pleito suscitado después de descubrir que era traicionado. Los recuerdos vienen a su memoria.
“Mi señora me la pegaba con el sirviente y la hallé en el hecho”, recuerda el presidiario quien relata lo sucedido.
El hecho sangriento ocurrió en el Barrio Riguero, en la casa que ambos compartieron y donde instalaron una panadería. “Yo llegué a la casa y la hallé con el hombre, ellos me golpearon, me quebraron la cara, me rompieron desde la oreja, me golpearon con los palos utilizados en la panadería”, relató Guadamuz, mientras muestra los estragos dejados en su rostro por la golpiza recibida.
El rigor de la cárcel y la edad han dejado secuelas en la salud de Guadamuz, quien alega que sufre de artritis, pero esto no le hace olvidar el crimen en el cual se vio envuelto, producto del destino o de la fatalidad.
“Cuando yo iba a reaccionar en defensa propia, ella se metió por medio y resultó muerta con un cuchillo”, afirmó, lamentando que el hombre, quien presuntamente mantenía un romance con su cónyuge, huyó ileso. Y mientras Guadamuz iba a parar a la cárcel, alguien, no sabe quién, le robó una camioneta de su propiedad.
Fue sancionado a 10 años, porque considera que su abogado no hizo nada por él, pero guarda las esperanzas de salir pronto de la cárcel.
“Sería bueno acabar mis últimos días con mi familia, porque ya nosotros aquí todos los viejos, nos sentimos bien enfermos y no hay medicina para la enfermedad de uno”, comenta, tras referir que sus hijos, de su primer matrimonio, podrían hacerse cargo de él.