(Foto: LA PRENSA/G. Flores)

“Estamos agarrando confianza”

A Larry Drazba, originario de Estados Unidos, igual se le puede encontrar vestido de gabacha blanca en su despacho dirigiendo su empresa, o bien bajo el inclemente sol que se posa encima de las pilas camaroneras, donde personalmente controla la calidad de este cultivo. Activo y siempre a la expectativa de la inversión realizada, este […]

  • A Larry Drazba, originario de Estados Unidos, igual se le puede encontrar vestido de gabacha blanca en su despacho dirigiendo su empresa, o bien bajo el inclemente sol que se posa encima de las pilas camaroneras, donde personalmente controla la calidad de este cultivo. Activo y siempre a la expectativa de la inversión realizada, este personaje es considerado un empresario exitoso en la producción de camarón.

Leslie Nicolás Lacayo [email protected]

Su interés por este país lo ha envuelto tanto que ha iniciado inversiones en el área de la camaronicultura. Larry Drazba es un estadounidense radicado en Nicaragua que trabaja de sol a sombra, a como él mismo lo expresa, sin poner pero alguno.

Larry Drazba está casado y tiene cuatro hijos, familia con la que pasa muy poco tiempo pues prácticamente vive fuera de su casa, sale los lunes a las cuatro de la mañana y regresa hasta el fin de semana.

Todos los días viaja al campo y está frente a su computador hasta las siete u ocho de la noche. Considera que lo más importante de su trabajo posiblemente sea la capacitación a su personal, pues es de la idea que para lograr la calidad que requiere necesita tener un equipo humano muy bien capacitado.

Esa para él es su responsabilidad más importante, pues propiamente se encarga de la dirección de su empresa, Camarones de Nicaragua, S.A. (Camanica).

Drazba dedica el 100 por ciento a la administración técnica de la misma, pues su especialización en Biología y Química le dan la capacidad necesaria para lograr su más deseado propósito: Producir con excelente calidad.

Llegó a Nicaragua para gerenciar las empresas Ecuanica S.A. y Semillal S.A., la primera dedicada al procesamiento, exportación y comercialización del camarón, y la segunda encargada de producir la larva de este crustáceo. Después del huracán Mitch, en 1998, ambas empresas le venden a Drazba el 100 por ciento de las acciones. Es cuando él, en asociación con empresarios norteamericanos dueños de la Eastern Fish, compran las dos empresas.

Hoy en día Camanica es una compañía que en plena temporada (abril-diciembre) puede llegar a contratar entre 800 y 900 trabajadores.

El conocimiento y la valiosa experiencia de este empresario lo han llevado hasta la presidencia de la Asociación Nicaragüense de Acuicultores (ANDA), silla desde la cual se muestra interesado en resolver los problemas más sentidos del sector al que representa.

¿Qué hace en Nicaragua… por qué escogió este país para establecerse?

Desde 1995 llegué a Nicaragua y vine al país para gerenciar dos empresas que para ese entonces eran propiedades del Instituto de Prevención Social Militar y de un inversionista ecuatoriano. Para entonces trabajaba en Guatemala, ya había tenido algunos años de trayectoria en la industria del cultivo del camarón en Latinoamérica. Entonces me invitaron aquí (Nicaragua) porque había aparecido al primera enfermedad de camarón en 1994, fue identificado en la Cuenca del Estero Real en Honduras y en 1995 fue identificado en Nicaragua. Como yo había tenido experiencia en manejo de granjas y empresas en donde existía esa enfermedad me trajeron para tratar de combatirla.

Además que llegué en el auge del camarón, que es cuando comienza a haber más desarrollo del cultivo de camarón, las exportaciones se multiplicaban. Pero todo esto paró hasta que llegó el Mitch.

¿Cuál es su especialidad?

Soy bioquímico, pues tengo una licenciatura en Biología y Química, pero mi especialidad es la reproducción de animales acuáticos. He trabajado a través de los años con crustáceos, moluscos, con los peces, siempre en la cría y cultivo comercial de estos animales. Mis primeros negocios fueron la cría de crustáceos, específicamente camarón de río y de agua salada.

¿Es muy difícil para un estadounidense aclimatarse, acostumbrarse a la forma de trabajo y clima en este país?

Bueno, yo no me acostumbré aquí, sino que ya llevaba muchos años de experiencia en Latinoamérica. De hecho monté mi primer negocio en México en 1980.

¿Qué edad tenía cuando montó su primer negocio?

Ummm… 24 años… 25 años tenía en aquellos entonces. Tenemos cuatro hijos. Los últimos tres nacidos en Latinoamérica; dos en México y mi hijo el menor nacido en Quito (Ecuador). Mis hijos, entonces nunca han vivido en los Estados Unidos, siempre hemos vivido fuera. Yo le comenté que mi formación académica es bioquímico, (pero) realmente mi vocación es en desarrollo rural. O sea toda mi vida profesional hemos vivido en lugares bastantes aislados criando industrias de cultivo de camarón y otras especies.

¿Pero eso le gusta?

Me gusta, me gusta.

¿Y qué es lo que más le gusta de su profesión?

Lo que más me gusta es llegar a una zona en donde no existe nada, hablando de una actividad económica, y de repente si existe algo y que la gente pueda mejorar sus casas, sus vidas, mejoren sus posibilidades, eso es lo que me gusta. Estamos dando oportunidad a otra gente para poder superarse.

¿Cree usted que Nicaragua es un país que puede desarrollar la acuicultura en el futuro?

Sí, yo estoy muy convencido de esto. Aquí hay mucha potencia para ello. Y no sólo en el cultivo de crustáceos, sino de otras especies, pero en lo que es materia de crustáceos se ha identificado como el sitio perfecto para crear el Cluster de camarón, en la cuenca del Pacífico y del Atlántico existen buenos lugares.

Uno de mis proyectos favoritos es el concepto de la sostenibilidad del negocio. La acuicultura puede ser buena o puede ser mala. Si se está talando manglares, si están destruyendo hábitat o si están creando problemas de biodiversidad, puede ser una industria muy dañina. Pero bien manejada y manejada de forma consciente es un negocio que ayuda a crear riquezas y empleo. En un estudio realizado aquí en 1998 por el CATIE (Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza), identificó la acuicultura y sobre todo el cultivo del camarón como un motor de desarrollo del Estero Real, que cree empleo y divisas. Y por eso mismo mi esposa y yo hemos decidido establecer la familia aquí, poner la casa, vemos mucha oportunidad aquí en Nicaragua.

¿Usted es dueño de una empresa aquí en Nicaragua que produce camarones? ¿De cuánto es la inversión que tiene?

Así es, pero actualmente nuestro activo anda entre seis y siete millones de dólares.

¿Y piensa ampliarla?

Nos gustaría, hemos tenido un pausa, en donde no hemos invertido en los últimos dos años, debido a las dificultades que hemos tenido en encontrar capitales que quieran venir a invertir a Nicaragua. Estamos creciendo al ritmo de la generación de lo invertido en el negocio. Nos gustaría ampliar más. Pues vemos mucho futuro en Nicaragua.

Si invirtiéramos más, trataríamos de cerrar el ciclo del animal. Estamos en una etapa de modernización de la industria y parte de ese proceso de modernización es la domesticación de la especie. Anteriormente me imagino ha escuchado que se tiene que ir al mar para capturar la semilla silvestre y ésta la trasladan a las piscinas o a los estanques y ahí la siembran.

Nosotros como empresa hemos empezado con la domesticación en donde los padrotes ya no los encontramos en el mar, sino en las mismas piscinas. De ahí los sacamos, los selecciones y le sacamos el material genético que es el huevo fertilizado y eso ya lo estamos llevando a todas sus etapas larvales hasta su eventual siembra en las piscinas. Entonces como empresa nos gustaría participar en cerrar el ciclo. Es decir cerrar el ciclo de producción de padrotes. Financieramente todavía no hemos podido, compramos nuestra materia genética, nos gustaría ser dueños o por lo menos cerrar el ciclo del camarón y crear una cepa nicaragüense.

¿A qué se refiere cuando dice crear una cepa nicaragüense?

Cepa es una variedad de la especie, no vamos a crear una nueva especie, es decir no hay manipuleo genético, simplemente seleccionamos un animal de la especie que trabajamos y escogemos líneas de esos animales que se producen bien aquí en Nicaragua. Entonces eso sería nuestra cepa nicaragüense.

¿Qué tan importante es la calidad del producto para usted?

Es máximo. Nuestra misión es exportar calidad. Consideramos que para que alguien mantenga viabilidad en la economía actual, tiene que tener calidad, tiene que ser un producto limpio, hablando microbiológicamente tiene que ser lo que ha pedido el cliente. Precisamente se tienen que respetar todas las exigencias del cliente y tiene que ser un producto completamente inocuo es decir que hay sanidad en el alimento.

¿Cómo sale el producto de su empresa al mercado internacional? ¿En la marca se registra como camarón nicaragüense o no?

Efectivamente, nosotros tenemos marca propia. Tenemos una marca que es exclusiva para Nicaragua, pero también tenemos una marca para el mercado de los Estados Unidos, la que hemos escogido junto con mis socios, que son norteamericanos importadores de camarón, el que lo procesan y distribuyen a 11 países del mundo, tanto en Asia como en América. Esta marca se empaca aquí (en Nicaragua) lo empacamos porque como tienen un mercado bien identificado, ellos consiguen unos centavos más la libra para empacarlo en su caja.

Entonces ese producto que empacamos aquí, le traspasamos los centavos extras al productor. No todo el producto que empacamos en la empresa es de nosotros, también hacemos maquila, hacemos compras y exportamos ese producto. Entonces el valor adicional que conseguimos por haber vendido a la marca, lo trasladamos a los mismos productores.

¿Es decir que su empresa además de sacar una marca propia, empaca también para otros?

Efectivamente hacemos un procesamiento especial para ello. Además nosotros también empacamos productos con marcas que se distribuyen en los supermercados. Nos encargan su material de empaque para procesar el producto con valor agregado al mismo.

¿Cuántas empresas como la suya existen en el país?

Como nuestra empresa sólo hay una. En el sentido de que somos la única que tiene integración vertical, que compra y exporta en su propia planta. Hay otra empresa similar a la nuestra, pero no tiene toda la cadena como nosotros. Somos los únicos dos con plantas procesadoras de buen tamaño.

¿Si habláramos de novedad, qué es lo más notorio de su empresa?

Yo diría que lo más importante es la atención al detalle en el proceso. No tanto en la infraestructura que tenemos, sino en el detalle en crear controles sobre procesos del producto para conservar la calidad. En cuanto a generación de manuales de procedimiento por ejemplo, en cuanto a tratar de conseguir la certificación del Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For), somos la única empresa que tienen su laboratorio de cría larval certificado.

Fuimos de los primeros en conseguir la certificación del Mag-For en cuanto a la planta de proceso. Nos hemos esforzado mucho en tratar de controlar la cadena de producción para poder garantizar al cliente buena calidad.

¿Cree que Nicaragua es un país seguro para la inversión?

Es un riesgo todavía, pero tenemos mucho optimismo y estamos agarrando confianza. En nuestro sector lo que nos hace falta es el marco legal, es decir que nos aprueben la ley de pesca y acuicultura, que de forma consensuada habíamos negociado en la Asamblea. Todavía falta algo de estado de derecho en el país, pero creo que esta administración en su primer año de gestión ha logrado mucho y estamos con la esperanza de que este año brinquemos de optimismo a confianza.

“El talón de Aquiles”

Aquiles, hijo de la Diosa Tetis y del mortal Peleo, tenía que ser invencible e inmortal. Para ello fue sumergido en la laguna Estigia, por su madre, la que le tomó por los talones, que quedaron fuera del agua, siendo éstos la única parte vulnerable del poderoso Aquiles.

Así como este portentoso mito griego llegó a ser vulnerable el sector acuícola de Nicaragua, también tiene su parte fuera de la laguna que le puede provocar la muerte: La falta de financiamiento.

Actualmente la ausencia de fondos detiene la realización de proyectos de inversión, tal y como lo asegura Larry Drazba, empresario camaronicultor y presidente de la Asociación Nicaragüense de Acuicultores (ANDA).

“Todavía no hay un nivel de confianza como para poder realizar inversiones a largo plazo”, afirma.

Drazba señala que los pequeños y medianos no tienen acceso a capital y son quienes tienen una participación alta. El 60 por ciento de las empresas y cooperativas son medianas o pequeñas.

Estos pequeños y medianos dependen mucho de la semilla silvestre que tiene un bajo costo para ellos. Y como muchos sectores productivos están tratando de bajar sus costos por la falta de financiamiento, sin embargo esto ha sido una lucha continua para ellos, indica Drazba.

Agrega que esta misma situación (falta de financiamiento) también la viven los grandes productores cuando tratan de acceder a capital en el extranjero. “Es difícil por la situación de riesgo país, esto hace que el ritmo de producción no se pueda mantener”, comenta.  

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