Marcela Sánchez*
Con la brillantez de fuegos artificiales, las relaciones entre Estados Unidos y México al comienzo de la era Bush-Fox resplandecieron con promesas y esperanzadora retórica. Dos años más tarde, todo lo que queda es un mero chisporroteo.
Jorge Castañeda, el fogoso canciller mexicano y alma de esa breve Era Pirotécnica se ha ido. Su reemplazo, el economista Luis Ernesto Derbez, hizo su primera visita a Estados Unidos esta semana. Antes de irse ya había dejado claro que, al menos en estilo, las cosas han cambiado. Revisiones más substanciales también se vislumbran en el horizonte.
El presidente mexicano Vicente Fox ha armado un nuevo equipo con el potencial de cambiar fundamentalmente la forma en que México trabaja con Washington. Parece abrir el camino a una relación más realista donde los temas abundan y la posibilidad de ayuda mutua sigue siendo enorme, aunque no carente de riesgos.
Es bueno recordar que los cambios en el gabinete de Fox respondieron más a fuerzas internas que externas. Derbez y Fernando Canales, quien reemplazó a Derbez como secretario de Economía, pertenecen al Partido Acción Nacional (PAN) de Fox. Castañeda era un izquierdista solitario y sin partido.
Con los nombramientos de un par de personas leales, el mandatario mexicano está reconciliando su presidencia con su partido, una fuerza que se sentía prácticamente ignorada. Ese gesto es particularmente importante ante la proximidad de las elecciones legislativas de julio, en las que el PAN espera ganar más escaños en el congreso y así destrabar las reformas de Fox.
Su futuro depende de esas elecciones. Washington ha de jugar un papel decisivo, aunque delicado y potencialmente peligroso. Con las acciones correctas, Bush podría contribuir a revitalizar la reforma democrática que se inició con la victoria de Fox hace tres años. Pero un paso en falso podría ser el golpe de gracia que condenará a Fox a sólo ser recordado en la historia por interrumpir la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional durante seis años.
FOX Y EL PAN NECESITAN PRONTO ALGUNA CLASE DE RESULTADOS
La inmigración sigue liderando las prioridades de Fox. Las expectativas llegaron tan alto, que cualquier avance distinto de una amnistía general para millones de mexicanos ilegales en Estados Unidos será presentado como un fracaso por la oposición.
Algunas fuentes republicanas estadounidenses consideran más factible un programa de visas temporales de trabajo que la amnistía. Algunos demócratas acá se opondrían al programa por considerarlo demasiado limitado. Fox tendría que decidir si algo es mejor que nada y dar una buena pelea en casa para convertirlo en una ganancia política.
El comercio también está en juego. Bajo disposiciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, casi todas las tarifas a productos agrícolas fueron eliminadas a comienzos de este año, dejando a campesinos mexicanos en competencia directa con agricultores estadounidenses altamente subsidiados. Será siempre una competencia injusta, sostienen los campesinos, si no reciben más ayuda del gobierno.
Entre tanto, ambas partes están negociando una excepción para la industria avícola mexicana, una de las más afectadas con los cambios. Esa sería una victoria para Fox, pero las conversaciones se han detenido por la aparente falta de disposición de Washington por su temor a sentar un preocupante precedente.
Fox necesita verdaderos avances en el frente económico para silenciar a algunos de sus más duros críticos. Con el desempleo en aumento y la inversión extranjera directa en caída, la elección de Fox de un ex economista del Banco Mundial para suceder a un intelectual de izquierda como canciller no fue casualidad.
Funcionarios mexicanos y estadounidenses han estado trabajando en una iniciativa poco conocida para llevar inversión a las regiones mexicanas menos beneficiadas por el TLC y que abastecen de más inmigrantes a Estados Unidos. La llamada «Sociedad para la Prosperidad» podría contar con un funcionario de la administración Bush con el poder necesario para obtener el tipo de interés privado que se requiere y demostrar la influencia de Fox en Washington.
No hay duda que Bush también tiene las de ganar ayudándole a su amigo. El gobierno de Fox se está convirtiendo en un compañero cada vez más entusiasta de los esfuerzos de Washington para fortalecer la seguridad en la región. Por otra parte, la popularidad de Fox entre los hispanos en Estados Unidos contribuye a aumentar el atractivo de Bush en su intento por lograr la reelección el año entrante. Y tal vez más importante aún, los intentos de Fox por reformar la corrupta y deficiente industria petrolera, la tercera fuente del preciado líquido a Estados Unidos, han adquirido nueva urgencia en este país ahora que amenaza una guerra en el Golfo Pérsico; y Venezuela, su proveedor No. 5, se encuentra sumida en una profunda crisis política.
Los destellos y estallidos pudieron haber desaparecido de las relaciones bilaterales. Pero ahora México necesita una llama duradera para un progreso real y estable con Washington.
*Columnista del Washington Post.