Estimada Psicóloga:
Tengo 33 años y un torbellino en mi cabeza. Hace unos años tuve una relación con un hombre un año mayor que yo, de esta relación nació una niña.
Vivimos una experiencia muy dolorosa para ambas familias, en la cual salieron a flote los más tenebrosos sentimientos de desprecio y denigración hacia un ser humano, luego de esa fase, por esas cosas de la vida, tuvimos un encuentro fortuito y tuve un niño.
La niña está con él y el niño conmigo. De hecho a raíz del problema que vivimos, nuestra “relación” se terminó, nos separamos, él no tiene contacto con el niño, aunque sí lo reconoció, con mi hija tengo una muy buena relación.
Y aquí viene el problema: a pesar de los hechos dolorosos que vivimos, en los cuales él tuvo mucho que ver para dañarme como mujer, como persona y como madre, lo sigo queriendo y no he podido empezar una nueva relación porque su sombra me acompaña, siento que si me involucro con alguien es como si le estuviera faltando el respeto, que tengo que “guardarle las espaldas”.
He tratado de alejarme de él, y por mucho tiempo no tenemos ningún tipo de comunicación, pasa el tiempo días, meses y cuando la nostalgia ya es muy grande, lo llamo, o es como que nos conectáramos psíquicamente y cuando estoy pensando en llamarlo él me llama, y siento que es una conversación reconfortante, que en ese momento me llena, me siento muy frágil y susceptible.
Así quedo unos días, como encantada, alucinando, creyendo que las cosas se pueden arreglar y podamos estar juntos como pareja, luego es como si volviera a la realidad, despertara de ese sueño para saber, lo que ya sé, que no estamos juntos, que no compartimos los mismos anhelos.
Está más decir que él ha seguido su vida normal, que tiene un hijo con otra mujer meses menor que el nuestro (mi niño tiene dos años), aunque no vive con ella, pues él lleva una vida de soltero y vive en casa de sus padres.
Como podrá imaginar, esta situación me lastima, me siento con la capacidad de discernir y darme cuenta que hace mucho tiempo debí dejar en el pasado a ese hombre que no me conviene, que nunca ha estado dispuesto a formalizar una relación conmigo y que quizás nunca me quiso.
Sé lo que tengo que hacer, pero me falta la fuerza para hacerlo y mantenerme firme, la fuerza para cortar los lazos sentimentales que me unen a él.
Respuesta:
En la última parte de tu carta haces mención de una de las situaciones importantes que debe vivir, potencializar y fortalecer toda persona: “me siento con la capacidad de discernir y darme cuenta”.
Todos los seres humanos nacemos con ciertas facultades que deben convertirse en capacidades en la medida en que las desarrollamos y las aplicamos. El “darse cuenta”, implica trabajar los procesos (cualquiera que éstos sean) a tres niveles: sentir, pensar y actuar.
El sentir implica darse el permiso de experimentar y de expresar emociones y sensaciones, pero también de ser capaces de separar de nosotros todo aquello que nos implica amenaza o daño.
El pensar es una facultad humana que a partir de ésta se forma la capacidad para decidir, demandar, el actuar implica movimiento, acción, hacer.
Tal vez esta pequeña explicación no te satisfaga como para comenzar a tomar acciones concretas, pero en conclusión esto podría indicarte de que cómo una persona sienta y piense va a estar determinado su actuar, lo que hace.
Con respecto a tu propio proceso, pareciera que solamente lo has trabajado a un segundo nivel, estás clara de lo que tenés que hacer, más no de lo que querés hacer. Los debes y los tienes históricamente han implicado imposiciones que no necesariamente se asumen con responsabilidades.
Cuando una persona se hace responsable de su vida, de su proceso, aparecen los “quiero hacer, voy a hacer”, esto va acompañado de un compromiso personal.
Revisa qué tanto has trabajado a nivel de los sentimientos, porque ser un sujeto viene de reconocer la subjetividad, y una dimensión de esta es reconocer cómo siento, cómo pienso y lo que hago en el sentido de mis propios intereses, expectativas y motivaciones.
Tu carta es una descripción de todo lo que él ha hecho o dejado de hacer y es sólo en la última parte de ésta donde te centraste en tu persona. Trabajá para convertirte en lo más importante en tu vida, para que un día podás decir que ningún sentimiento hacia otro hombre está por encima de tu amor propio, reconócete como valiosa, como importante, sentite orgullosa de vos misma.
Las fuerzas que decís que te faltan son las acciones que aún no has iniciado. Las fortalezas se construyen, la fortaleza viene de Dios, búscalo a él para encontrarte a vos.