Don Guillermo “Memito” Tórrez, todo una leyenda en la Ciudad Universitaria. (LA PRENSA/A. Lorío)

A sus 105 años, reconstruye pasajes de León

Mercedes PeraltaCorrresponsal/Leó[email protected] La transformación de la ciudad de León, el origen del capital de algunas otroras opulentas familias leonesas, la discrimación social, la construcción de la carretera de León a Matagalpa y los rectorados de Juan B. Sacasa y Mariano Fiallos Gil, son algunos de los recuerdos que permanecen aún frescos en la memoria de […]

Mercedes PeraltaCorrresponsal/Leó[email protected]

La transformación de la ciudad de León, el origen del capital de algunas otroras opulentas familias leonesas, la discrimación social, la construcción de la carretera de León a Matagalpa y los rectorados de Juan B. Sacasa y Mariano Fiallos Gil, son algunos de los recuerdos que permanecen aún frescos en la memoria de Guillermo “Memito” Tórrez, a pesar de sus casi 105 años de edad.

Bedel jubilado de la UNAN, que recuerda al Dr. Fiallos Gil como “sabio y caballero”, Memito fue un diseñador de altares en esta ciudad, arte que continúa realizando a través de sus ayudantes Nazario, Santiago y Cristóbal.

Nacido en León, en junio, posiblemente de 1898, ahijado de monseñor Canuto Reyes, Memito es quizás la persona más veterana de León que sobrevive a la llegada de tres siglos y, a pesar de su longevidad, orienta el diseño de altares a la Purísima y de novenarios luctuosos con sus antiguas imágenes de madera, que presta o alquila, de acuerdo al grado de amistad que lo une con la familia solicitante.

Celebra a la “Santa Faz”, festividad religiosa de la que se encargó por años en el templo de La Recolección, de donde fue sacristán. Sin medir gastos, esa tradición se conmemora en su casa después de la Semana Santa, con el respeto que ha logrado trasmitir a sus familiares. Ese día la comida abunda en su casa y sus sobrinos la reparten entre sus vecinos y asistentes al rezo del rosario.

Las ricas leyendas de “Arrechavala”, la “Cegua”, la “Negra Camila” y otras, referidas por el venerable anciano, son confirmadas o desmentidas por él, dejando en su auditorio la fascinación de la magia que los mitos encierran. Cuenta historias, anécdotas y características de personajes que son referencias en la vida política, económica y social de León de aquella época, y hasta de curas que llevaban vidas licenciosas.

En su solariega casa del barrio El Coyolar, sentado en su silla de ruedas, Memito se sume en sus recuerdos, los que comparte con familiares o amigos que lo visitan y escuchan con agrado interesantes memorias de León. Es un autodidacta que sin ser alfabetizado, se desempeñó como cajero en la Casa Prío, en Managua.

Recuerda a don Sinforiano Robelo, que vivía a dos cuadras de su casa en el barrio El Coyolar, e hizo el capital de la familia fabricando candelas de cebo.

MUCHOS RECUERDOS

“Los Mántica al inicio eran pobres; vinieron de Chinandega a León, después de la guerra de 1927. Años después con Somoza García en el poder, éste les dio la exclusividad para la venta de algunos insumos agrícolas, con el que don Felipe Mántica forjó el capital de la familia”, sostiene el anciano.

“En ese período de la guerra en que participó el General Francisco Parajón, de quien los Mántica eran adversarios políticos por ser conservadores, resultó quemado el centro de Chinandega, más de 40 manzanas quedaron en cenizas”.

Ninguno de los historiadores contemporáneos refieren con claridad estos hechos ocurridos en Occidente, en el período de la Guerra Constitucional; pero don Guillermo a pesar de su avanzada edad, con lucidez, ayuda a reconstruir esa parte de la historia social y económica de esta zona del país.

Recuerda que en León las familias adineradas eran entre otros, los Icaza y los Reyes; y que la familia de don Manuel Ignacio Lacayo donó el terreno para la construcción del antiguo hospital San Vicente.

Recuerda a los doctores Julio y Máximo Jerez Castellón. El primero fue el alcalde de León que mandó a borrar los escudos nobiliarios y los blasones de las casas solariegas de León y mandó a mutilar los balcones salientes de algunas casas antiguas, por considerar que era antidemocrático obstruir el paso a los peatones y vendedoras que venían de Sutiaba.

“También eran anticlericales y algunas personas decían que Max y Julio no creían en Dios. Su casa, de dos pisos, quedaba del Banco Nacional media abajo. En una urna de vidrio exhibían en la sala, el collar de esmeraldas que la Reina Victoria le había obsequiado a su abuelo materno don Francisco Castellón, cuando fue a Inglaterra en misión diplomática con el General Máximo Jerez. Recuerdo que cuando murió uno de ellos, llegaron sus parientes de frac negro y en la mayoría de las casas por donde pasó el féretro, estaban empabellonadas, en señal de duelo”, narra.

SU ARTE

El trabajo artístico de don Guillermo Tórrez es conocido en todo el país, por donde viajó ornamentando carrozas de procesiones, altares de iglesias y casas particulares, confirma su sobrina la doctora Mercedes Tórrez.

Es propietario de un juego de esculturas de madera de diferentes tamaños de la Virgen Dolorosa, Cristo yaciente y San Juan; imágenes de santos en sus respectivas andanzas, todos vestidos con brocados, encajes y pedrerías y algunos bordados en telas de plata y seda.

Arcángeles y ángeles de diferentes tamaños, telones tridimensionales y cortinajes de variados colores, los que usa de acuerdo a la ocasión; candelabros de bronce y bombillos de porcelana se cuentan entre sus riquezas. La magnificencia de sus ornamentos, le dieron a “Memito” mucho prestigio entre las familias de León.

Eso le permitió a Don Guillermo penetrar al mundo de las ceremonias, procesiones y misas solemnes. Sus servicios formaron parte de la vida simbólica y ritual de León.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí