El portaaviones Ark Royal, buque insignia de la Armada Real británica, partió el sábado al Extremo Oriente al frente de una flota de 16 naves. La fuerza podrá apoyar una campaña militar contra Irak. (LA PRENSA/Reuters )

Más tropas al Golfo Pérsico

En el fin de semana, EE.UU. dispuso envío de 62,000 hombres más a la zona Alberto L. Alemán [email protected] La fuerza militar que concentra Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico y cercana a Irak, estaría lista para acciones ofensivas entre mediados y finales de febrero próximo, y contaría pronto con más de 150,000 […]

  • En el fin de semana, EE.UU. dispuso envío de 62,000 hombres más a la zona

Alberto L. Alemán [email protected]

La fuerza militar que concentra Estados Unidos en la región del Golfo Pérsico y cercana a Irak, estaría lista para acciones ofensivas entre mediados y finales de febrero próximo, y contaría pronto con más de 150,000 soldados, marinos, pilotos y otras tropas, según afirmaron ayer altos oficiales militares al diario The New York Times (NYT).

Casi la mitad de ese número de tropas está ya en la zona, y sólo en las últimas 48 horas, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ordenó el desplazamiento de 62,000 elementos nuevos. La última orden incluye la movilización de miles de infantes de marina, una brigada de infantería aerotransportada del Ejército, un escuadrón de cazabombarderos F-117 con tecnología stealth (invisibles al radar), y dos escuadrones de aviones F-16C con equipos para neutralizar la detección de los radares.

El aliado europeo incondicional de Estados Unidos, Gran Bretaña, despachó el sábado la más grande flota enviada al exterior desde la Guerra de las Malvinas en 1982, con destino al Extremo Oriente. Oficiales británicos concedieron que la fuerza de unas 16 naves comandadas por el buque insignia de la Armada Real, el portaaviones Royal Ark, está en capacidad de cumplir misiones de apoyo en una guerra contra Irak.

Aviones de ala fija fueron retirados de la cubierta del Ark Royal, y en su lugar fueron puestos helicópteros capaces de transportar a los dos batallones de infantes de marina que viajan con la imponente flota, según la agencia de noticias Reuters.

Las nuevas decisiones significan una nueva fase en la campaña político-militar de Washington, que pretende poner más presión sobre el régimen de Saddam Hussein, y fortalecer la capacidad de decisión del presidente George W. Bush sobre si atacar o no.

La fuerza estadounidense debe desplegarse en países cercanos a Irak: Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudita y Turquía. Esto tomará unas semanas más, aunque las fuerzas ya desplegadas están en capacidad de llevar a cabo un ataque, sostienen oficiales militares. Nuevos desplazamientos y el envío de más unidades blindadas y de baterías antimisiles Patriot están previstos para los próximos días.

“Entre mediados y finales de febrero estaremos en nuestra mejor posición para dar al presidente opciones flexibles inmediatas para responder” al desafío iraquí de desarrollo de armas de destrucción masiva y su renuencia a despojarse de ellas, cita NTY a un alto jerarca militar.

A mediados de la semana pasada, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Richard B. Meyers, le aseguró a Bush que las Fuerzas Armadas continuarían la “concentración constante, deliberada” de medios para garantizarle “la flexibilidad” que necesitaba para actuar.

OBSTÁCULOS

Pero no todo se pinta color de rosa. En privado, oficiales del Ejército expresan que lanzar una ofensiva antes de la mitad de febrero presenta problemas. Si bien muchas de las unidades que viajan ahora al Golfo Pérsico arribarán a finales de enero, los comandantes de tropas prefieren tomar un tiempo para que sus subalternos se adapten a las nuevas condiciones en el desierto.

Los obstáculos diplomáticos no faltan. Está pendiente el permiso de Turquía para desplegar a miles de soldados desde las bases en ese país. Un desacuerdo podría poner en riesgo los planes de un ataque desde el norte de Irak, parte de una estrategia que supone ataques en varias direcciones al Ejército iraquí, que deberá defender líneas de posiciones demasiado extensas.

Por si fuera poco, un importante elemento religioso está por entrar en juego. A mediados de febrero culmina la peregrinación a La Meca. Dos millones de musulmanes son esperados en la peregrinación, uno de los actos de fe más importantes del Islam, y un ataque a Irak podría convertirse un desastre de relaciones públicas para EE.UU.

De acuerdo con algunos expertos militares, el tiempo óptimo para atacar es un estrecho período entre mediados del mes que viene y los primeros días de abril. Así opina, por ejemplo, el general retirado Anthony C. Zinni., un ex marine que comandó las fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico.

“¿Por cuánto tiempo los mantienes allá (a las tropas) antes que (las altas temperaturas) empiecen a afectar el entrenamiento, la moral y los calendarios de rotación?”, se pregunta Zinni.

Funcionarios del Pentágono estiman que librar la guerra requerirá de unos 250,000 soldados —la mitad de los efectivos desplazados en la Guerra del Golfo en 1991— y que la primera fase de la lucha podrá comenzar con fuerzas menores.

ATENTADOS SELLARON SUERTE DE IRAK

Seis días después de los atentados del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush firmó un documentos de dos páginas y media con el sello “top secret” que delineaba el plan para una guerra en Afganistán como parte de una campaña global contra el terrorismo.

Al final del documento, había instrucciones para que el Pentágono empezara la planificación de una invasión a Irak, reveló el Washington Post en su edición del domingo. Esta directiva no fue revelada, y es característica del proceso de toma de decisiones que no ha estado a la vista pública, según el diario, que cita a un alto funcionario de la Administración.

Viejos partidarios de una guerra con Irak aprovecharon las circunstancias y lograron colocar alto el tema en la agenda de prioridades, uniéndolo con la guerra al terrorismo. Entre los “duros” están el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, y Zalmay M. Khalilzad, enviado especial de Bush ante el exilio iraquí. Sus tesis sobre Irak fueron pronto abrazadas por Bush y por el vicepresidente Dick Cheney.

De acuerdo con el diario, que entrevistó a unos 20 funcionarios de la Administración, no hay un registro abundante de documentos oficiales y reuniones que esclarezcan al proceso que llevó a la política actual hacia el Estado árabe.

El rotativo señala que en el Departamento de Estado no hay entusiasmo por la guerra, una preocupación silenciosa corre por los pasillos del Pentágono y hay confusión en altos funcionarios sobre cómo se llegó a la decisión de emprender un posible conflicto bélico.

FECHA CRUCIAL

Si bien la Administración Bush no cree que el informe final de los inspectores de armas de la ONU en Irak, a ser presentado el lunes 27 de enero próximo, produzca las razones definitivas para una guerra contra ese país, está determinada a que esa fecha sea el inicio del fin de los esfuerzos para lograr el desarme de Saddam Hussein. “Los que dicen que el 27 no es una fecha importante, no saben de qué hablan”, expresó un funcionario norteamericano al diario The Washington Post. “Es un día muy importante” que marcará “el comienzo de la fase final” que, según el gobierno, debe llevar rápidamente a una acción decisiva para alcanzar el objetivo propuesto.  

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