Vicente Padilla debe socar con los Filis en su segunda temporada como estelar del staff de pitcheo. (LA PRENSA/Archivo)

Padilla, crecido

Edgard Tijerino M. [email protected] Después de cada conquista, Alejandro siempre pretendió “algo más”, igual que Julio César. Y Vicente Padilla, después de haber saltado al estrellato con los Filis de Filadelfia ganando 14 juegos, seguramente pretende “algo más”, aunque no lo publicite con claros clarines. Los Filis del 2003 presentan un llamativo fortalecimiento. El manager […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Después de cada conquista, Alejandro siempre pretendió “algo más”, igual que Julio César. Y Vicente Padilla, después de haber saltado al estrellato con los Filis de Filadelfia ganando 14 juegos, seguramente pretende “algo más”, aunque no lo publicite con claros clarines.

Los Filis del 2003 presentan un llamativo fortalecimiento. El manager Larry Bowa debe sentirse como Popeye cada vez que comía espinacas, capaz de derribar cualquier montaña de dificultades.

Filadelfia buscando cómo impactar y avanzar a los play offs, ha conseguido a Kevin Milwood, un ganador de 18 juegos con los Bravos de Atlanta, como líder del staff, y cuenta con el respaldo de Vicente Padilla y Randy Wolf, ambos en pleno crecimiento y con utilidad ya garantizada.

No hablemos de tres ganadores de 20, porque ese cálculo ha sido destrozado más veces que las promesas de los políticos, incluso con un trío de brazos tan impresionantes como los de Greg Maddux, Tom Glavine y John Smoltz, cuando estaban en condiciones de pelear al mismo tiempo el Cy Young de la Liga Nacional, pero, parece obvio que esta rotación de los Filis, completada por Brett Myers y Brandon Duckworth, que están evolucionando rápida y eficientemente puede producir tres ganadores de más de 15 juegos.

En Filadelfia no lloran por la pérdida de Scott Rolen, en vista que han asegurado por largos años el bate destructivo de Jim Thome, un artillero fácilmente diagnosticado para descargar más de 40 vuela cercas y empujar más de 100 carreras, y cuentan con el guante de David Bell para evitar dificultades alrededor del tercer costal.

Eso significa un gran respaldo para las pretensiones de Padilla, quien extrañamente, no pudo lograr victoria en el mes de septiembre mientras desembocaba en un problema de desgaste que afectó su brazo derecho.

Su última salida contra los Bravos, fue la más dramática. Fue reemplazado en el propio primer inning y enviado a un examen de resonancia magnética.

¿Qué esperamos de Padilla en este 2003?

Ramón Henderson dijo el año pasado que no lo sorprendería ver a Padilla ganar tres juegos promedio por mes en el 2002. Ese total probable de 18, puede materializarse en el 2003 si Vicente entrena a fondo, continúa desarrollando un intenso aprendizaje y termina de establecerse como abridor.

Factor clave debe ser su cuido. Frente a un momento cumbre, someterse a la rigurosidad de las exigencias que demanda el estrellato, es una obligación, en tanto, ganar 18, estar entre los candidatos a ser seleccionado para el Juego de Estrellas y avanzar a su primera postemporada, son metas viables para un Padilla crecido.

Ojalá pueda lograr “algo más”.  

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