Elmer Ramírez España
Los empresarios–buseros, dueños de chatarras, todos los días, en cualquier lugar y a cada minuto exponen la vida de los pasajeros, de los peatones y de otros medios de transporte.
Los responsables son muchos, sin embargo, a la hora de sentarlos en el banquillo de los acusados porque irrespetan lo más preciado del ciudadano como es la vida, se convierten en mansas palomas haciendo doler el corazón, pues ellos dicen que nunca tienen la culpa.
A lo más que los condenan es a tres años, y de los daños materiales lo único que dicen es que pagarán, pero a su manera, si es posible con veinticinco córdobas semanales. ¿Será justa semejante actitud irónica y cínica?
Lo más grave es que las autoridades olvidan con el tiempo semejantes desgracias y luego que estos criminales del volante cumplen con la supuesta condena, vuelven a sus fechorías; de inmediato habrá que quitarles la licencia de por vida.
Los pasajeros y la ciudadanía están a merced de las embestidas mortales de los transportistas —choferes— aparte de lo insoportable que significa tomar un bus de cualquier ruta, pues sus asientos, el ambiente y el espacio son insoportables.
Los actos homicidas en el transporte de buses dejaron el año pasado veintiséis víctimas mortales y más de mil heridos. Es urgente entonces que haya nuevas rutas, nuevos buses, nuevos chóferes, nuevos empresarios.