Las filas y la espera son largas para los miles de nicaragüenses que regresan legalmente a Costa Rica, después de las fiestas. Otros miles tratan de entrar, ilegalmente, por veredas. LA PRENSA/M. Orozco

Intenso retorno de nicas a Costa Rica

Coyotes organizan su trabajo con buses y lanchas lo que hace difícil el control de ilegales Carlos HernándezCorresponsal de La Nación [email protected] Cientos de nicaragüenses, con los papeles en regla o de manera ilegal “tomaron”, en los últimos días, distintos puntos fronterizos para retornar al país. Se trata de hombres, mujeres, ancianos y niños que […]

  • Coyotes organizan su trabajo con buses y lanchas lo que hace difícil el control de ilegales

Carlos HernándezCorresponsal de La Nación [email protected]

Cientos de nicaragüenses, con los papeles en regla o de manera ilegal “tomaron”, en los últimos días, distintos puntos fronterizos para retornar al país.

Se trata de hombres, mujeres, ancianos y niños que regresan tras las fiestas de fin y principio de año.

Quienes tienen sus documentos en orden ingresan por los puestos migratorios correspondientes, pero para los ilegales cualquier punto es bueno.

El retorno comenzó el jueves anterior, aumentó el viernes y creció descomunalmente el sábado.

En Peñas Blancas, funcionarios de migración costarricense hacían ingentes esfuerzos por despachar en el menor tiempo posible a centenares de nicaragüenses.

Los miembros de la Fuerza Pública parecían impotentes para controlar a los ilegales que, en generosas cantidades, trataban de ingresar al país.

Unos lo hacían saltando el muro fronterizo de Peñas Blancas; otros caminaban entre fincas o bordeaban el río Sapoá, según corroboró un equipo de este Diario.

En los últimos dos días, la Fuerza Pública contuvo a 64 nicaragüenses indocumentados en Tablillas de Los Chiles; a 22 más en Upala y 25 en San Carlos.

“Los interceptamos a escasos dos kilómetros de la guardarraya”, informó Edgard Hernández, coordinador local de los operativos de control migratorio.

Desde las 5 de la madrugada del sábado, en Peñas Blancas y a través del muro divisorio, comenzó a divisarse una interminable marcha de nicaragüenses en procura de entrar clandestinamente a suelo tico.

Las autoridades no brindaron cifras sobre los ilegales que intentan llegar al país por esta época. Extraoficialmente se dijo que triplica el número de personas que entra de manera formal.

TRABAJO ORGANIZADO

La Nación constató el viernes, el ingreso por Méjico de Upala, de unos 80 ilegales más, quienes guiados por los coyotes caminaron entre trillos de montaña para evadir a la Policía.

Unos 20 de ellos pasaron sin ser descubiertos a sólo 500 metros del puesto de la Fuerza Pública.

En este sector, esas personas pusieron a disposición de los ilegales medios de transporte tan diversos como botes, caballos y hasta carros de doble tracción.

“Por cruzar a caballo se dejan cobrar hasta ¢1.200”, dijo el costarricense Jesús Mendoza.

Tanto en Upala como en Peñas Blancas, los coyotes mostraron una actitud hostil e incluso amenazaron al equipo de este Diario.

“No se metan con nosotros, que pueden terminar mal”, advirtió uno de ellos casi al frente del subcomando de Peñas Blancas.

LO HACEN POR SUS HIJOS

Dolores Chavarría y Heysel Moncada son dos nicaragüenses que emigran a Costa Rica por un trabajo que les permita mantener a sus hijos.

-Heysel tiene sus documentos en regla y entró ayer por Peñas Blancas, Guanacaste. Su compatriota entró ilegalmente, un día antes, por Méjico de Upala. Para ambas fue difícil.

-Empujada por la necesidad de procurarle el sustento diario a sus dos hijas de cinco y dos años, Heysel viajó desde Somotillo, cerca de la frontera con Honduras.

-Hizo una travesía de 300 kilómetros hasta Peñas Blancas, en bus y a pie.

-Como no tenía dinero pasó la noche acostada en un frío pasillo de cemento del puesto fronterizo tico.

-“Me duele mucho tener que separarme de mis chiquitas, pero lo hago por el bien de ellas, pues necesitan ropa y comida”, dijo Moncada de 21 años.

-Dolores Chavarría, de 45 años, viajó en bus desde Matagalpa pasando por Managua hasta el puerto de San Carlos. Ahí abordó un bote para llegar al desembarcadero de Abelardo, a escasos tres kilómetros de Méjico, Upala.

-“Estoy desesperada por encontrar empleo. Hace un año enviudé y tengo cuatro hijos que no todos los días pueden comer.

-“Vengo dispuesta a trabajar en lo que sea. Tengo la obligación de evitar que mis chavalos pasen necesidades”, dijo esta mujer cuyo rostro reflejaba el cansancio de un largo viaje pesado y la angustia de no saber qué le espera.  

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