- La deuda pública de Brasil es de unos 240,000 millones de dólares. El 70 por ciento es interior y el resto exterior; el 42 por ciento del total está atada a la cotización del dólar
Omar Lugo
Brasilia/EFE.-La deuda brasileña, una de las mayores del mundo, se perfila como una explosiva herencia cuyo manejo determinará el éxito o el fracaso del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en los próximos cuatro años.
En un país de cifras hiperbólicas, esa deuda pública y privada también es enorme y crece como una enredadera.
En 2003, el gobierno de Lula, quien asume mañana 1 enero, deberá refinanciar unos 62,000 millones de dólares de deuda interior y 11,200 millones de dólares de la exterior, según el Banco Central. Eso es la mitad de los títulos en circulación en el mercado.
Las apremiantes emisiones de deuda nueva para pagar vencimientos de deuda vieja hacen a Brasil andar por un territorio minado, donde el factor confianza es uno de los activos de mayor valor.
Lula, en sus años mozos de líder de izquierda radical, pontificaba en el desierto a favor de reestructurar la deuda. Paradójicamente, hoy ese recurso será una necesidad de día a día impuesta por la dinámica y las condiciones del propio mercado.
Según el Tesoro Nacional, hay para el año entrante un “razonable margen de maniobra” porque los vencimientos son pocos y escalonados.
Pero, según algunos analistas, ese buen escenario dependerá de las políticas de Lula y su capacidad para mantener la confianza, por lo que su mayor reto será cambiar “el perfil” de los compromisos para mejorar los plazos, intereses y condiciones de pago.
El 42 por ciento de los 160,000 millones de dólares de deuda interior tiene intereses indexados a la cotización de la moneda estadounidense, cuyo alza es una amenaza constante.
Otros 15,000 millones de dólares están sujetos a la inflación y su alza es ahora otra amenaza cierta.
Los intereses de más de un tercio de la deuda interior están atados a la tasa referencial “Selic”, que ha sido mantenida alta por el Banco Central para hacer más atractivos los nuevos bonos y además evitar que los capitales se vayan a la compra de dólares.
Lula recibe esa tasa situada en un 24 por ciento, la más alta desde principios de 1999, cuando Brasil abandonó la paridad uno a uno entre el real y el dólar, en una grave turbulencia económica.
Por ese estrecho callejón de deuda, dólar, tasas de intereses y refinanciaciones obligadas deberá transitar el nuevo gobierno.
La deuda pública total cerró noviembre en 240,000 millones de dólares según el ministerio de Hacienda. El 70 por ciento es interior y el resto exterior; el 42 por ciento del total está atada a la cotización del dólar.