- “No creo que el dinero me cambie, yo soy sencillo”, asegura
Edgard Rodríguez [email protected]
Aún recuerdo el rostro moreno de José Ariel Contreras, esmaltado por la emoción, y su infructuosa lucha por contener lágrimas que se asomaron a sus ojos.
Instantes atrás, se había convertido en millonario. En alguien que podría disponer de 32 millones de dólares, tras su firma para los Yanquis de Nueva York.
“No lo puedo creer hermano”, me dijo, mientras estrechábamos las manos. “Esto es un sueño”, agregó, para luego telefonear a su esposa Miriam en Cuba.
Durante cuatro días, Contreras había intentado conversar con su familia, pero le había sido imposible. Esa noche del 23, lo consiguió al primer intento.
De ese modo, dos meses de travesía llegaban a un feliz término. El mejor lanzador de Cuba, que decidió desertar en México, era ahora todo un Yanqui.
“Miriam estaba emocionada. Tampoco lo podía creer. Y mi viejo (su papá) me dijo que el dinero era lo de menos. Lo mejor, es que era un Yanqui”, afirma.
-¿Y el dinero es ciertamente lo menos importante?, consulté a José, mientras se detenía a pensar, como si de resolver a Albert Belle en el plato se tratara.
“Bueno, sí es importante, pero no lo es todo. Mira, yo soy un hombre del campo y se me ha enseñado a valorar y respetar a la gente por encima de todo”.
-Pero tu salida de Cuba, tiene que ver con mejorar tus condiciones de vida. Al menos es lo que hemos captado porque de política ni te gusta conversar.
“Sí es cierto. Te confesaré algo, yo no tengo una casa en Cuba. Vivía en la de mis papás y no estoy reclamando. Sencillamente, ésa era mi realidad”.
-Okey, pero ahora podrás comprar más de una casa, ¿has pensado en lo primero que vas a hacer cuando recibás tu primer cheque, por cierto, grueso?
“Esa es una buena pregunta. Fíjate que no había pensando en eso. Tú sabes, yo no tengo experiencia con el dinero. Jaime (Torres, su agente) tendrá que ayudarme”.
-Hay atletas que se compran un carro, una casa. Ellos dicen que para celebrar su nuevo status, el saltar de las limitaciones a una vida cómoda.
“Mira, yo no creo que el dinero me cambie, yo soy sencillo. Además, ya estoy maduro como para hacer locuritas y despilfarrar lo que cuesta”.
De acuerdo, pero una casa es una necesidad que tendrás que solventar. ¿Has pensado en eso, considerando la esperanza de quizá algún día tener a tu familia?
“Sí claro. Me gustaría tener una casa en Miami y a lo mejor alquilar un apartamento en Nueva York. Y por supuesto, también compraré un vehículo”.
-¿Te has imaginado en Nueva York, en los Yanquis, ahí con gente como Jason Giambi, Bernie Williams, Derek Jeter y todos esos superestrellas?
“Sí, lo he imaginado, lo he soñado. Ahora lo haré. Y sabes, no mencionaste al jugador que más admiro en los Yanquis, Roger Clemens”.
-A lo mejor, tendrás la suerte de ser su compañero ahora que llegue a los 300 triunfos. Le faltan siete y él desea conseguirlos con los Yanquis.
“Esa precisamente es una de las cosas que más me atrae. Quiero estar ahí, ser uno de sus compañeros de equipo en ese momento. Sé que así será”.
-En Cuba hay gente que te considera un traidor, otros creen que tomaste la decisión más apropiada. ¿Vos que creés que están pensando en Cuba?
“La gente tiene derecho a pensar del modo que estime conveniente, pero sé que muchos aprueban lo que hice, y más aún, estarán orgullosos de lo que haré. En Cuba se me ha querido y respetado y sé que muchos lo seguirán haciendo”.
-¿Cómo se te ocurre que puede ser tu carrera en las Mayores, donde hay un alto nivel de exigencia y el factor presión será intenso con el periodismo?
“Yo confío en mis habilidades. Haré lo mismo que he hecho siempre, prepararme con el mayor rigor posible y si gano 15 juegos al año, estaré bien”.
-¿Qué pensabas ser de niño, cuáles eran tus aspiraciones en Cuba y qué cosas lograste en medio de las limitaciones en las que pasaste en tu país?
“Soñaba ser estrella en voleibol y luego licenciado en Cultura Física. Al bachillerarme, quedé listo para ir a la universidad, pero el béisbol me atrapó. Me satisface que durante ocho años metí el brazo a fondo por mi país, al que tanto quiero”.
-¿Cómo se dio la transición al béisbol, quién fue fundamental para ubicarte en el juego, que evidentemente, te ha llevado a la fama y a la fortuna?
“La persona clave se llama Jesús Guerra (ex–lanzador cubano), a quien le debo haber llegado hasta donde estoy. Me ayudó y lo veo como un padre”.
-¿Tus papás qué hacen, cómo se llaman, cómo han recibido lo de tu salida de la isla y ahora lo de tu firma con los Yanquis?
“Mi papá se llama Florentino Contreras (80 años), cultiva tabaco. Mi mamá es Modesta Camejo (74) y se dedica a las cosas del hogar. Ambos me dijeron que si decidí hacer lo que he hecho, que por favor sea correcto y responsable”.
-José, yo pude captar lo emocionada que estaba Miriam, tu esposa, cuando la llamaste el 24. Eran las dos de la mañana en Cuba. ¿No podías esperar el amanecer?
“No chico, era imposible no compartir una noticia de esa magnitud con Miriam y mis hijas Naylen (10 años) y Naylenis (2) en el mismo momento que se dio. Ellas estaban felices”.
-¿Estaban felices por el contrato y la posibilidad de mejorar sus condiciones?
“No. Estaban felices porque ellas comparten mi sueño de poder jugar algún día al mejor nivel del béisbol y eso está en EE.UU.”.
-¿Tu trabajo ante los Orioles es lo que más te enorgullece hasta ahora?
“Claro que me enorgullece, quizá porque probamos ante el mundo que el béisbol de mi país tiene buen nivel, de paso, yo sentí que estaba apto para lanzar en las Mayores. Sin embargo, lo que más me satisface es haber sido campeón olímpico en 1996”.
Así es Contreras, el nuevo millonario en dólares, porque en humildad, ya era un acaudalado.