En esta reproducción de Germán Miranda, Vicente López posa junto al astro boricua del béisbol, Roberto Clemente. LA PRENSA/G. MIRANDA

Cualquiera queda muy consternado

Clemente era ícono de los peloteros latinos Wilder Pérez [email protected] El momento cumbre de Roberto Clemente como persona ocurrió justo el día de su muerte. Aquel 31 de diciembre de 1972, el pelotero prefirió viajar con ayuda para Nicaragua aún sabiendo que no pasaría el fin de año con su familia. Sin duda, un gesto […]

  • Clemente era ícono de los peloteros latinos

Wilder Pérez [email protected]

El momento cumbre de Roberto Clemente como persona ocurrió justo el día de su muerte. Aquel 31 de diciembre de 1972, el pelotero prefirió viajar con ayuda para Nicaragua aún sabiendo que no pasaría el fin de año con su familia. Sin duda, un gesto tan humano como heroico, pero ya antes tenía ganado el corazón de los nicas.

El sentimiento de admiración y respeto se siente como si emanara de los poros especialmente de los miembros de las selecciones nacionales de finales de los años 60 e inicios de los 70.

Dos de ellos, Vicente López y Antonio Herradora, recordaron de forma breve a Clemente en una entrevista realizada por LA PRENSA en semanas anteriores.

López es más expresivo en su reverencia. En la sala de su casa, en San Isidro, Estelí, una foto en blanco y negro de él con Clemente domina las demás, incluso su preferida, donde aparece posando como receptor.

“Parezco su fusil, ese hombre era grande”, dice Vicente mientras la observa y recuerda el nombre del fotógrafo que la tomó, Cruz Flores, que aún trabaja para este periódico. Aparecen en el Estadio Nacional, llamado entonces General Anastasio Somoza García, mientras se inauguraba el famoso Mundial del 72.

“Fue una gran persona, con Clemente estuve platicando, me acuerdo que yo le bateé a Puerto Rico y me dijo que me quería matar porque le había pegado un jonrón, te voy a matar porque me mataste el partido”, recuerda López.

Y es que más allá de su fama en Grandes Ligas, a él, como a muchos latinos, lo que les impresionaba era el orgullo que sentía por su raza. “Clemente, tremenda persona, un pelotero con una gran capacidad, cómo defendía al latino, decía que en los EE.UU. no había un pelotero mejor que él, y uno no podía hablar mal de un latino porque él decía que los latinos eran buenos y los defendía, de esas personas hoy en día no se encuentran”, describe.

Pero además admiró su humildad. Siendo estrella del mejor béisbol del mundo y manager del equipo puertorriqueño, no dudó en concederle tiempo para la histórica fotografía, donde Clemente aparece con un uniforme negro y Vicente con uno gris.

“Aquí vino la esposa de Clemente a inaugurar la foto de San Isidro, me pidió la foto que se la regalara para llevársela, pero le dije que no, que la tenía de recuerdo”, advierte.

Herradora intenta decir mucho al respecto, pero al parecer las palabras se le quedan cortas, algo que al parecer es poco usual en él. “Era un buen tipo, increíblemente humilde, qué buena persona que era ese muchacho, uno lo admiraba e infundía respeto”, afirma.

Pero ese respeto lo establecía en base a su humildad, según Herradora, ya que “no le importaba si no debía hacerlo, pero iba y nos saludaba, era accesible a pesar de ser lo máximo”.

Por eso, cuando supieron de su deceso en el mar Caribe, no hubo otro sentimiento que la desolación. “En ese momento, siendo un hombre que dio la vida por Nicaragua, por traer ayuda, uno lógicamente siente dolor como deportista, uno que aprendió valores buenos, uno se siente hecho paste”, dice López mientras extiende la mano sobre su frente.

Mientras, Herradora arruga la cara, se quita los anteojos que a veces usa, y queda en silencio. “Se siente raro, como que uno no quiere creerlo, da lástima por una persona tan valiosa”, responde después.

Y es que con una muerte como ésa, a una persona como Roberto Clemente, en fin de año, en la cumbre de una carrera, por humanidad, “cualquiera queda consternado”, puntualiza Vicente.  

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