- Su ejemplo y significado, no mueren
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A los 48 años, doña Vera viuda de Clemente, sigue tenaz y eficientemente tras las huellas que dejó desde 1972, el inolvidable Roberto Clemente.
“Él está vivo, y siempre a mi lado. Su ejemplo y significado, no morirán” me dice en la habitación 235 del Hotel Las Mercedes, mientras le daba brillo a la Orden “Eduardo Green”, recientemente otorgada en memoria del gran pelotero y calificado humanista.
“Aunque Roberto ya no esté físicamente, yo siento siempre que está en la orilla —como en este momento— compartiendo con nosotros este rato”, dice doña Vera genuinamente emocionada.
La impresionante solidaridad y espíritu de sacrificio que caracterizaba a ese astro puertorriqueño, lo impulsó a viajar en ese pequeño avión sobrecargado de ayuda para los damnificados del terremoto de Managua. Poco tiempo después de despegar, la pequeña nave cayó bruscamente en el Océano Pacífico y quedó sepultada. Solo el piloto de la nave salió a flote unos días más tarde.
¿QUÉ ES LO IMPORTANTE?
A la hora del almuerzo en ese fatídico día, doña Vera había reclamado a su marido que en todo ese año no habían estado juntos en fechas importantes como el aniversario de bodas, el Día de Gracias —que ellos celebran como nuestra Navidad— y ahora, el 31 de diciembre.
“Roberto me dijo que lo acompañara y no vacilé, pero nos acordamos que tendríamos una visita de un matrimonio americano y entonces tuve que quedarme, de lo contrario, hubiéramos venido juntos”, nos refiere doña Vera.
“Nos despedimos a eso de las cinco y media de la tarde hora en que saldría el avión, pero el aparato se descompuso y fue necesario atrasar el viaje para arreglarle la falla y poder salir”.
“Como coincidencia del destino, como indicándome dónde tenía que estar, a la hora de su muerte estaba en el lugar de la colecta para los damnificados junto con mis amistades americanas a quienes tenía que atender. Dejé todo en orden y me fui a casa de mis padres a compartir el fin de año con ellos mis hijos y unos vecinos… Me sentía inquieta, el radio estaba encendido y como era frecuente que estuvieran mencionando su nombre debido a la ayuda que estaba haciendo, nadie en casa puso atención”.
LA LLAMADA FATAL
“Después de media noche recibí una llamada de la madrina de mi hijo menor, felicitándome y preguntándome si todo estaba bien. Mi comadre ya sabía y no me lo dijo, después volvió a llamarme y me llamó la atención la segunda llamada, pero tampoco me dijo nada. Fue una sobrina de Roberto la que me dio la noticia. Me sentí en las nube, agarré las llaves de mi auto y me dirigí al mar pero no sé como me desvié a la casa de mis suegros y ya la calle estaba llena de gente. Su madre estaba dormida y no la quisieron despertar para darle la noticia, sólo su padre sabía y lo único que hicimos fue abrazarnos. Después volví al volante de mi auto y corrí para el mar. Frente al océano que nunca me lo devolvió, alguien me quitó las llave y no recuerdo más… Aparecí en mi casa…”.
Para doña Vera, ese mes de enero transcurrió volando. Todos los días se iba a sentar frente al mar para ver si el cuerpo de Roberto flotaba y poder darle cristiana sepultura.
“TENDREMOS MÁS TIEMPO”
Antes de salir para Nicaragua, después de mi reclamo, él me dijo: “Todos los días de la vida son iguales. Por estos días que no hemos estado juntos, tendremos más tiempo por delante. Allá hago falta, hay mucha gente sufriendo”.
Al tercer día de la tragedia, doña Vera expectante en medio de su dolor, estaba sentada en una roca frente al mar con unos amigos. Pasó un niño enfrente de ellos y dijo: “Tanto se le ha querido que ni el mar lo quiere devolver”.
Fue inútil la espera de su cuerpo, nunca apareció, y el día 14, el pueblo de Puerto Rico se dispuso a realizar un sepelio simbólico. En canoas, pipantes y hasta en helicópteros y aviones, llevaron flores al lugar donde cayó el avión. Aquello se convirtió en un mar de flores.
¿Qué hay de cierto doña Vera, que usted guardaba resentimiento con Nicaragua por lo ocurrido a su esposo y que por eso no aceptó la invitación al acto inaugural cuando se le puso el nombre de Roberto al estadio de Masaya?
“Creo mucho en el destino y nadie tiene la culpa de lo que pasó. El morir de esa forma lo engrandeció mucho, sobre todo por la misión en que andaba. Yo no puedo resentirme por eso y si no vine antes fue porque estaba reciente su muerte que me dolía volver aquí, donde estuve con él en el Mundial-72. La herida estaba muy fresca y por eso no vine…”
(Esta entrevista fue realizada por Auxiliadora Mercado a Doña Vera Zavala vda. de Clemente en 1988 en el Hotel “Las Mercedes”, cuando le otorgaron la orden Eduardo Green).