Marcela Sánchezwashingtonpost.com
Creciente tensiones entre Estados Unidos y Guatemala han desatado una carrera contra reloj en la nación centroamericana.
La administración Bush deberá decidir el mes entrante si le satisface la batalla antidrogas de Guatemala o si la enviará por el mismo camino que recorrieron países productores de droga en los 90 como Colombia, Perú y Bolivia. Si para entonces cree, como lo ha hecho por meses, que Guatemala está rezagado en combatir su reputación como la escala centroamericana predilecta para la cocaína en ruta a Estados Unidos, Bush podría imponerle costosas y deshonrosas sanciones.
No sorprende entonces que el gobierno guatemalteco haya estado corriendo para demostrar que ha recuperado terreno y evitar el estigma de la “colombianización” de su país, como algunos califican la situación guatemalteca actual.
En octubre el gobierno finalmente desarticuló su agencia antidrogas, plagada de corrupción de tiempo atrás. Luego, apenas estrenado en su cargo, el canciller guatemalteco Edgar Gutiérrez viajó a Washington la semana pasada provisto de estadísticas que muestran aumentos significativos recientes en la incautación de drogas y dinero ilícitos y en la detención de presuntos narcotraficantes. En los próximos días, se espera además que Guatemala comience históricas reformas en sus fuerzas militares —cuyos vínculos con el crimen organizado molestan sobre manera a Estados Unidos.
PODRÍA SER DEMASIADO TARDE
Pero los esfuerzos de último minuto del gobierno del Presidente Alfonso Portillo probablemente sean demasiado tardíos e insuficientes. Funcionarios de la administración Bush y legisladores estadounidenses claves han dicho claramente que, en su opinión, el país más grande de Centroamérica simplemente carece de voluntad política para enfrentar el problema frontalmente.
La falta de resultados positivos en Guatemala no ha dejado opción distinta, bajo la ley actual, a imponer sanciones, dijeron funcionarios del Departamento de Estado esta semana. Eso podría detener toda la ayuda estadounidense que no sea la destinada a programas antidrogas o humanitarios y obligaría a Estados Unidos a votar en contra de solicitudes guatemaltecas en instituciones multilaterales de crédito.
Que Guatemala esté en la vía hacia una plena “colombianización” es un tanto exagerado. Pero resulta aparente para muchos que el poder corruptor de la droga ha alcanzado los niveles más altos del gobierno guatemalteco.
Durante los 90, la Casa Blanca de Clinton se declaró en cuatro ocasiones insatisfecha con los esfuerzos antidrogas de Colombia, pero en dos oportunidades optó por no imponer sanciones argumentando causas de interés nacional. Todo eso ocurrió en medio de un conflicto civil interno y los grupos armados parecieron aprovechar la reprimenda al gobierno colombiano para fortalecer su posición y control territorial.
NEGOCIACIONES COMERCIALES SALDRÍAN AFECTADAS
La historia de 36 años de guerra civil en Guatemala terminó apenas hace seis años. A pesar de muchos reveses al implementar los acuerdos de paz de 1996 nadie cree hoy que el país regrese a ese tipo de conflicto interno. Pero, argumentó el canciller guatemalteco, instituciones todavía débiles necesitan del apoyo de la comunidad internacional en este momento en vez de sanciones.
De hecho es más factible que las sanciones contra Guatemala se conviertan en un importante impedimento para el interés guatemalteco de participar en las negociaciones comerciales de países centroamericanos con Estados Unidos. Si se la señala como corrupta y poco cooperativa, sin duda Guatemala sería vista como un socio comercial menos que deseable.
Una amenaza de un posible revés comercial, por su parte, podría darle a Portillo una ventaja inesperada para inducir a que empresarios antagonistas abandonen su actitud intransigente y monopolista a favor de necesarias reformas económicas.
Significativas repercusiones políticas también están en juego ahora que Guatemala se prepara para sus elecciones presidenciales en noviembre. La decisión de Washington podría verse como un respaldo a la oposición del Frente Republicano Guatemalteco, el partido de Portillo liderado por el despiadado exdictador, el general Efraín Ríos Montt.
Con la hora de la decisión cada vez más cerca es bueno recordar que el Presidente Bush tiene espacio para maniobrar.
Una excepción por razones de interés nacional que cuestione el desempeño de Guatemala, pero lo libre de sanciones, puede lograr lo que se pretende.