Celebración de Navidad

Mauricio A. Manzanarez Morales Cuán lejos estamos de celebrar la Navidad con el mismo espíritu que se celebró hace 2,000 años en Belén de Judea el nacimiento del Salvador. Hoy, para simbolizar la Navidad no usamos el célebre “Nacimiento”, más bien, la sociedad de consumo nos ha venido presentando una falsa imagen navideña con un […]

Mauricio A. Manzanarez Morales

Cuán lejos estamos de celebrar la Navidad con el mismo espíritu que se celebró hace 2,000 años en Belén de Judea el nacimiento del Salvador. Hoy, para simbolizar la Navidad no usamos el célebre “Nacimiento”, más bien, la sociedad de consumo nos ha venido presentando una falsa imagen navideña con un viejito obeso con traje rojo que cada año reparte regalos a los niños montado en un trineo halado por renos voladores.

Es triste ver cómo hemos dejado desplazar al Niño Dios por el anciano Santa Claus, que nada tiene que ver con la Navidad. Según leí hace algunos años, la imagen del Santa Claus que conocemos hoy en día fue creada por encargo de una compañía productora de bebidas gaseosas, que le pidió a un pintor de apellido Sundbloom que creara una imagen para representar al “santo de la Navidad”, con objetivos meramente comerciales.

Obviamente, los colores del traje de este personaje son los mismos colores que usa esa empresa en la publicidad de sus productos. Cosas de marketing. El caso es que la cultura de consumo ha propagado tanto la imagen de este personaje que ahora la mayoría de la gente no asocia la Navidad con el nacimiento del Hijo de Dios, que vino a la Tierra en forma de hombre para salvar a la humanidad, sino más bien con el famoso Santa y con la imagen de un árbol de pino adornado con luces multicolores.

Hace unos días estaba diseñando una tarjeta navideña usando un programa de computación, y al querer insertar una imagen con motivo navideño el software me pidió que tecleara la palabra clave, a lo cual respondí con “Navidad “. Encontré 0 imágenes de un Nacimiento. Por el contrario, el programita me mostró 46 imágenes que representan al personaje que hoy en día vemos en cada establecimiento comercial como ícono de la Navidad.

Ojalá podamos inculcar en las nuevas generaciones que la Navidad más que recibir regalos de un anciano ficticio de invención mercadotécnica, es precisamente regalar al Rey de Reyes y Señor de Señores nuestra adoración, nuestro amor y nuestras alabanzas, al igual que lo hicieron los reyes del Oriente hace muchos años.  

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