- La precariedad económica les imposibilita celebrar en Costa Rica… y, mucho más, viajar
a Nicaragua
Josué Bravo Cano/Corresponsal de LA [email protected]
COSTA RICA.- Aunos pocos, porque han encontrado cierta estabilidad económica junto a la familia; a otros por cumplir responsabilidades laborales; y a una gran mayoría, por la inestabilidad económica, les fue imposible ahorrar el dinero necesario para viajar a Nicaragua.
Lo cierto es que una cantidad de nicaragüenses similar o superior a la que viaja a su país en estos días, se quedó en Costa Rica, inmersa en la soledad que depara el destierro, y muchos en condiciones de pobreza. Para ellos, la Navidad es triste.
La Navidad es sinónimo de alegría en este país. El espíritu que irradia esta fecha se refugia en la mayoría de sus ámbitos. Villancicos, imágenes de Santa Claus colgado sobre paredes y árboles cobijados de guirnaldas se observan en casas, calles, avenidas y plazas.
Tiendas, mercados y centros comerciales abarrotados de clientes. Derroche de dinero y placer… Carnavales, “birrias” (cervezas) y tamales (nacatamales). Todo esto se junta para formar la identidad parrandera del ser costarricense.
Pero… ¿los nicaragüenses vivirán la Navidad con la misma intensidad que la de los ticos? ¿Forman parte de las tradiciones nacionales? ¿Cómo viven esta festividad los ilegales?
“El nicaragüense vive la Navidad con una actitud conservadora, pueda que tenga alegría pero no se complementa. Para muchos es deprimente ver la felicidad de sus vecinos y no poder desahogarse. Creo que no es lo mismo comerse un nacatamal y saber que tu familia está lejos”, comenta Jorge Picado, organizador de actividades culturales para nicaragüenses, originario de Matiguás.
Más triste es observar a muchos nicas con los bolsillos “vacíos” en esta época. La “tragedia” del inmigrante que vive en Costa Rica es ganar bajos salarios y solventar durante el año dos cargas económicas: enviar dinero a Nicaragua para alimentar al resto de familiares y pagar alimentación y hospedaje aquí.
“Lo que gano no me alcanza para viajar en esta fecha a mi país. Sinceramente, me siento solo. En mi interior estoy angustiado. Por mucho que aparente estar alegre, se me nota la tristeza. Con dificultad gano para enviar plata a mis hijos y mantener mis gastos aquí”, se lamenta Bismark Amador.
TEMOR DE ILEGALES
Peor aún viven los ilegales la Navidad en Costa Rica. Tienen temor de salir a los centros de diversión, toparse con un operativo policial que los obligue a abandonar el país… y ver truncados sus sueños..
“Sinceramente, ésta será la peor Navidad de mi vida. Me siento en un mundo ajeno, que no es mío. Las tradiciones no se viven igual que en Nicaragua. Me quedo llorando. No pude ir por mi condición migratoria inestable (indocumentado) y porque todo el año casi me la pasé sin trabajar. No tengo dinero y quiero aprovechar un trabajo que me encontré”, dice tristemente Rafael García, originario de Jinotega y residente en Cañas, Guanacaste.
“Desde hace dos años que vine a este país no he ido a Nicaragua. El que tiene plata pueda que sea feliz en estos días”, agrega.
“Nosotros los inmigrantes no tenemos facilidad económica para andar de fiestas. Yo soy indocumentado y no salgo en estos días. Mejor me acuesto pensando en mi familia que tengo en Matagalpa”, señala Eric Arteaga.
Llenos de melancolía y con cierto aspecto bohemio, para muchos, el sonido de la pólvora y su olor son diferentes. Los “tragos”, nacatamales, la sopa borracha y el calor familiar estarán ausentes en estas festividades.
En las congestionadas “cuarterías” y en los precarios de nicas, simplemente…la Navidad no existe, porque la pobreza no les permite festejar.
El nicaragüense en Costa Rica hace propia en estos tiempos, la vieja “tonada” que reza: “El que se queda, se queda llorando, y el que se va, se va suspirando”…