Fernando A. Malespín Ferreti*
Durante 14 años presté mis servicios al Inss, desde su fundación hasta el día 28 de febrero de 1970.
El día primero de enero de 1985 fui jubilado por el Inss, después de haber pagado cotizaciones 28 años, con una pensión vitalicia por un monto mensual de C$6,400,73, cuando la moneda estaba al 10×1.
El monto de la pensión, como consecuencia de la hiperinflación, llegó a tener un valor mensual de C$200.00 a julio de 1992.
El Inss ejecutó en agosto de 1992, un plan de “Reajuste progresivo de las pensiones en curso de pago al valor real que tenían a la fecha de su otorgamiento”. Es decir, el documento del indicaba claramente que los jubilados recuperarían el monto original de la pensión, de acuerdo con la Ley de Seguridad Social.
Pero no fue así, ya que el título de la resolución No. 144, transcrito en el párrafo que antecede, sólo fue un engaño, un despojo por la cantidad de C$4,741.63 mensualmente, porque arbitrariamente fue impuesta una nueva pensión por la suma de C$1,659,10. Mi pensión es cosa juzgada, un hecho consumado, pero en Nicaragua estamos lejos de respetar el Estado de Derecho.
La insistencia de mi justo reclamo, por vía administrativa y por los medios de comunicación social, especialmente LA PRENSA, obligó al Inss, en julio de 1998 a pagar no la cantidad despojada mensualmente de C$4,741.63, sino la ridícula suma de C$663.64, “como reconocimiento por haber trabajado durante 14 añoso para el Inss”.
La proximidad de la Navidad, llena de pobreza y desesperanza, me hace recordar con amargura el cinismo del Inss, que me quita mensualmente la suma de C$4,741.63 y me concede un reconocimiento de C$663.64, después de 28 años de haber dejado de trabajar para la institución.
* Jubilado No. 24