- Crisis económica del país restringió la entrega de regalos que año con año realiza Víctor Rosales, presidente de la Fundación Solidaridad
Amalia Morales [email protected]
“¡Mirá, mirá!”, gritó Anyeri Urbina a su hermana María Elena, y puso en alto la muñeca rubia de ojos azules que le acababa de dar un Santa Claus moreno.
María Elena se la arrebató y la volteó de arriba abajo. “Está bonita”, le dijo, y se le devolvió como se la entregaron: en una bolsa sellada.
Anyeri, de cinco años, fue uno de los 1,500 niños beneficiados con juguetes por la Fundación Solidaridad (Fundasol), organización que repite el mismo gesto cada año.
La organización, que ha entregado juguetes a niños trabajadores o habitantes de sectores muy pobres de la capital, esta vez escogió ocho barrios de Tipitapa, entre ellos Tangará, Yuri, Jorge Reyes y la Bocana, este último, de los más expuestos a las inundaciones.
El propio presidente de Fundasol, Víctor Rosales, fue quien entregó los juguetes a los niños vestido de Santa Claus. Según el sexo les daba muñecas o camiones.
Antes de que el juguete se pegara a sus manos, los niños hacían molote alrededor del Santa, que en lugar de llegar hasta sus asientos prefirió que ellos fueran en una fila, que resultó imposible.
UNICO REGALO
Para las primas Joselin y Gabriela, de dos años y medio, las muñecas que les dio ayer el Santa criollo serán su único juguete de Navidad, confesó Mayra Rosales, la mamá de Gabriela.
Sentadas una a la par de la otra, besaban de vez en cuando el forro de la sonriente niña plástica.
Los niños, en cambio, deslizaban desde su estuche los camiones dorados. El escenario de la entrega fue el restaurante Mama Naya, patrocinador de la fundación.
Después de recibir los juguetes los niños fueron convidados a un refrigerio y a un baile de gigantonas.
MENOS NIÑOS
Mientras los niños gozaban, el Santa sudaba dentro del traje rojiblanco de lana. Los sudores de Rosales comenzaron mucho antes de la actividad, en la organización. Organizar este año “fue muy duro”, dice. Eso porque no contó con el mismo apoyo de las empresas que en años anteriores. “Por la crisis económica… la gente tuvo voluntad, pero no pudo”, aseguró.
Y quienes lo apoyaron, unas 10 empresas, no contribuyeron igual.
El año pasado Fundasol entregó 12,000 juguetes en todo el país. Este año llegará a 1,800. Además de los niños de Tipitapa beneficiarán a 300 en Boaco. Lamentó no poder llegar a más menores.
Rosales, quien calculó la inversión en unos 4,500 dólares, dijo que terminará de pagar los costos de los juguetes con la venta de placas conmemorativas, a lo que él se dedica regularmente.