Padre Santiago de Anitua (q.e.p.d.).

“Hemos perdido a un Santo”

El Padre Santiago de Anitua nos legó el ejemplo de su vida y su obra publicada P. Jesús Fernando Hergueta, S.J. Hemos perdido un hermano, un compañero, un profundo teólogo y escritor… hemos perdido un santo. Santiago pasó su purgatorio aquí en la tierra y desde hace tiempo soñaba con ir a la casa del […]

  • El Padre Santiago de Anitua nos legó el ejemplo de su vida y su obra publicada

P. Jesús Fernando Hergueta, S.J.

Hemos perdido un hermano, un compañero, un profundo teólogo y escritor… hemos perdido un santo.

Santiago pasó su purgatorio aquí en la tierra y desde hace tiempo soñaba con ir a la casa del Padre.

Anoche mismo decía: “quiero ir a casa”… pero señalaba hacia arriba… a la casa del Padre.

Nos ha dejado dos testamentos: uno el de su ejemplo con su vida y especialmente durante estos años de dolor; y otro el de su obra publicada en más de 29 libros que son testimonio de su amor apasionado a Jesús, su fe cimentada como en una roca, Cristo y su amor a la fidelidad a la Iglesia.

Por su carácter firme y su fe a toda prueba fue designado por el Cardenal Miguel Obando y Bravo, exorcista oficial de la Iglesia. Sus violentas experiencias se han hecho públicas a través del muy difundido libro: “Secretos de Confesión”.

Desde su encuentro personal con Jesús, a las nueve de la mañana de un 24 de septiembre de 1974, Santiago fue un hombre nuevo.

Con el frenesí con que siempre se entregaba a todo lo que tenía entre manos, desde entonces cambió su horizonte y se entregó de lleno a ser un apóstol de Jesús.

Nació en Bilbao, un 25 de julio de 1929. Entra en la Compañía de Jesús a los 17 años, en Loyola (España), proveniente del Colegio Javier de Navarra. Hizo sus estudios con la dedicación y el empeño propios de él. Terminó su Teología en Innsbruck, bajo la dirección del maestro Rhaner.

Su vida activa la dedicará a la enseñanza de la Teología y Filosofía en el Seminario de El Salvador, en la Universidad Centroamericana de Managua y en el Seminario Arquidiocesano de Managua.

En momentos muy tensos de las relaciones de la Iglesia y el Gobierno es expulsado del país violentamente por rencores y represalias ajenos a él. Fueron años difíciles en el exilio, como él lo llamaba; fue párroco en la Iglesia de Lourdes, en San José de Costa Rica, donde inició la publicación de sus meditaciones en forma de libros:

“Si conocieras el don de Dios”, “La resurrección de Lázaro”, “La Buena nueva del Apocalipsis”, “Estaré entre vosotros”, “Maestro de sacerdote”, “Mater Dei”, etc… además publicó veinticuatro libros sobre lo Salmos. Y en sus últimos días tenía en preparación tres volúmenes sobre el Padre Nuestro que pronto saldrán a luz. Es su obra predilecta y nuestro mejor testamento.

A la vuelta de su exilio es nombrado Rector del Seminario Interdiocesano de Managua. Posteriormente en la Iglesia Xalteva prosigue su trabajo apostólico. Dio clases en el Seminario Diocesano de Diriá, formó grupos de oración y espiritualidad, organizó viajes a Tierra Santa y lugares de veneración, hasta que la enfermedad le postra en la cama. Desde el lecho dirigió, animó, orientó y sobre todo dio ejemplo de resignación cristiana y de fe a cuantos vinieron a visitarle.

No puedo menos de agradecer públicamente a quienes con tanto cariño y dedicación le atendieron, cuidaron y mimaron con esmero maternal: Berta, Justo, José, Ivania, Silvia, Mayra, P. Haus… son muchos los nombres de las personas que le trajeron cariño, un detalle, un capricho, una medicina, una visita… aunque desde lejos quiero dejar constancia de su prima hermana Begoña, quien en su visita le dio momentos de gran alegría y que ha seguido su enfermedad desde España y hoy nos acompaña en espíritu en esta ceremonia.

A todos, la Compañía de Jesús, agradece lo que hicieron por Santiago de Anitua… y que él —estamos seguros— que de una manera u otra nos lo va a devolver desde la casa del Padre.  

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