Ataque podría darse en febrero

AFP WASHINGTON.- Estados Unidos, que sigue reforzando su maquinaria de guerra en el Golfo, esperaría hasta fines de enero para decidir un eventual ataque a Irak. Ciertamente, no está excluida en su totalidad una campaña aérea desde el mes próximo, pero los analistas concuerdan en que, sobre todo, por razones diplomáticas, la Administración Bush esperará […]

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WASHINGTON.- Estados Unidos, que sigue reforzando su maquinaria de guerra en el Golfo, esperaría hasta fines de enero para decidir un eventual ataque a Irak.

Ciertamente, no está excluida en su totalidad una campaña aérea desde el mes próximo, pero los analistas concuerdan en que, sobre todo, por razones diplomáticas, la Administración Bush esperará hasta febrero para atacar de forma masiva.

El 27 de enero, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el jefe de inspectores de esa instancia, Hans Blix, debe presentar su informe oficial respecto de la declaración iraquí sobre armas de destrucción masiva.

Luego de que Washington acusara a Bagdad el jueves de “violación flagrante” de la resolución 1441 de la ONU, “comenzó la cuenta regresiva” hacia un conflicto, a menos que Saddam Hussein “decida capitular”, estima Charles Pena, del centro de investigaciones Cato Institute.

Por supuesto, la guerra no es inevitable, pero “parece muy probable”, declaró Michael Vickers, ex alto funcionario.

Según este experto del Center for Strategic and Budgetary Assessments, “febrero sería ideal, primero desde el punto de vista del clima”, todavía fresco en el Golfo. En marzo el calor haría las cosas mucho más complicadas para las fuerzas terrestres anti-iraquíes si tuvieran que usar equipos contra ataques biológicos o químicos.

La otra ventaja, según él, sería contar con la aprobación del Consejo de Seguridad para una guerra y obtener así un apoyo político y logístico de los aliados, necesario para estacionar aviones y fuerzas en Turquía o participar en los combates como miembros de una coalición.

En todo caso, “la guerra terrestre estará precedida de una campaña aérea con munición de precisión, como en 1991, y en Afganistán el año pasado”, señala Pena.

Según el experto, la campaña aérea debería ser más corta y selectiva que los 40 días de bombardeos de la primera guerra del Golfo y estar seguida de una campaña terrestre rápida, destinada a aislar a Saddam Hussein de su gente e impedirle que dañe a su propio país.   

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