Edgard Rodríguez c. [email protected]
Un señor, cuyo nombre se me ha escapado en este momento, ha puesto un mensaje al beeper que utilizamos con Enrique Armas en Radio Nicaragua. Su pregunta es: ¿qué ganamos con que José Ariel Contreras, el lanzador cubano, haya venido a Nicaragua?
Sin ánimo de parecer jesuita, quiero comenzar la respuesta con otra pregunta, ¿y qué perdemos? Nada. No perdemos nada. Al contrario, las ganancias pueden ser cuantiosas. Sólo debemos ver un poco más allá de lo que nos proporciona una simple observación.
Primero, el arribo de Contreras nos ha situado en la geografía beisbolística mundial. Cada día los despachos de las distintas agencias noticiosas mencionan a Nicaragua, y ahora, no para decir que estamos en guerra o desvalijando lo que queda del erario público.
Es decir, se nos está mostrando al mundo, como sujetos de crédito.
En segundo lugar, desde su propia llegada hace dos semanas, Contreras vino con una donación de material deportivo para el San Fernando. En un país como el nuestro, en el que el deporte no le interesa ni al gobierno ni a sus dirigentes, eso es significativo.
Al estar Contreras en Nicaragua, se ha multiplicado el arribo de scouts y altos ejecutivos al país. Ellos no sólo vienen a dejar divisas a través de los hoteles y rentadoras de carros, sino que a la vez, observan el talento pinolero y hasta pueden firmar jugadores.
De hecho ya han firmado a algunos. Los Filis están al frente en eso.
Ahora, se le ha otorgado la residencia a alguien que ha sido ciudadano ejemplar en su país y no a un extranjero de antecedentes peligrosos, como a muchos que incluso ya fueron deportados hacia Europa. Contreras es un profesional en su trabajo, más allá del dinero.
El colmo incluso, es que se le llama desertor. ¿Puede uno desertar de su país? La nacionalidad es un factor intrínseco del ser humano. Lo que pasa es que aún acarreamos conceptos trasnochados que desdicen de nuestra evolución hacia una coexistencia pacífica.
Sólo un dato más: en el hotel en el que está Contreras, le han pedido que no se vaya aún. Han tenido el mejor mes en buen rato.