Rómulo Sánchez Leytón*
En las ciencias las revoluciones duran toda una vida y a veces generaciones. Hace cinco décadas, comenzó el matemático Reinhard Selten a investigar sobre la teoría de los juegos. Gracias al resultado de sus análisis, se convirtió en 1994, en el primer alemán, galardonado con el Premio Nóbel de Economía. Nacía también con él, una rama de la teoría económica, que analiza el comportamiento humano.
Desde tiempos se ha dicho que la economía no es una ciencia experimental. Es decir, que en ella no valen los reactivos químicos, los microscopios ni los experimentos. Este campo de la investigación ha sido concedido a la astronomía, la química, la biología, o la meteorología. Tradicionalmente la economía asume el “homo oeconomicus”, el cual es capaz de gobernar en base a su propio interés y egoísmo. Además, tomar decisiones racionales.
En las últimas dos décadas esta concepción ha sufrido sustanciales transformaciones. Así, han surgido laboratorios controlados donde se realizan experimentos. Éstos se ha convertido en un componente revolucionario y vital de las investigaciones económicas. Los resultados obtenidos han sacudido y puesto en duda, los postulados básicos de la teoría económica, demostrando cuán alejados de la realidad estaban.
Selten, quien por mucho tiempo tuvo dos rostros. A la par de ser adepto a la economía convencional, seguía desarrollando modelos. También se internaba en su laboratorio para explicarse el real comportamiento humano. Mediante la teoría de los juegos, logró demostrar que éste, no se comporta, como el cuadro ideal, del hombre racional o el homo oeconomicus. Los jugadores no pudieron, ni querían maximizar sus beneficios. Apreciaron la situación de manera falsa y cometieron errores inconscientes. En parte, hasta aceptaron las pérdidas de manera voluntaria. En otros casos, se llega hasta castigar a los egoístas.
Por ejemplo, en el “juego del ultimátum”, los jugadores se reparten en dos grupos, cada jugador del primer grupo, recibe una cantidad de dinero, supongamos, 10 dólares; los que deben ser repartidos con un jugador del otro grupo. El receptor del grupo dos, decide si acepta o rechaza la oferta; en el caso de negarse a tomar el ofrecimiento, serán retirados los 10 dólares. La regla no es complicada. Al final los dos se irán sin dinero en el bolsillo. Se deduce, quien distribuye la suma, debe tomar en consideración, lo que el otro podría pensar. El homo oeconomicus aceptaría la oferta de unos centavos, si no, se quedaría sin nada. A un frío calculador, le tendría sin cuidado, cuánto dinero se embolsa el oferente.
Por supuesto, que se evitan ofertas de centavos o insignificantes, pues los receptores por lo general las rechazan. Eso es válido aún en el caso, cuando ambos no se conocen. En otros experimentos en que la situación del mismo es conocida, los actores se muestran cooperativos mientras; los otros, así se comporten. La misma puede aclarar como las personas pueden influenciarse con reciprocidad cuando toman decisiones (homo reciprocans). Por el contrario si los sujetos del experimento, se sienten utilizados, actúan de manera similar.
Parece que la revolución iniciada con Selten no ha concluído. El pasado 8 de diciembre, otros dos pioneros de la economía del comportamiento fueron premiados con el Nóbel de Economía. El psicólogo israelita Daniel Kahneman y el estadounidense representante de la economía experimental Vernon Smith. Presentando en el Aula Magna de la Universidad de Estocolmo, sendas ponencias sobre aspectos como; el mapa de fronteras de la racionalidad y la racionalidad constructiva y ecológica en economía.
Se han establecido estudios en dos áreas del conocimiento: la psicololgía congnoscitiva y la economía experimental. La primera estudia la opinión humana y la toma de decisiones. Mientras la segunda, lleva los modelos económicos a laboratorios controlados. La esfera de aplicación abarca los mercados financieros, hipótesis sobre subastas, manejo de bienes públicos, regulación ambiental, el consumidor frente a los precios etc.
Desde hace años la economía experimental ha mostrado un auge inusitado y podría decirse, hasta exponencial. Hoy los economistas del comportamiento tienen un lugar privilegiado en el mercado de trabajo. No es nada extraño, pues ellos aclaran fenómenos, que a los economistas tradicionales les parecería una aberración o simplemente provocación. Preguntarse por ejemplo, si la “mano invisible” del mercado, es imperceptible, precisamente porque no existe en absoluto. Así en tiempos de crisis, económica, la gente se da cuenta que tan poco entienden de dinero y nadie les presta ayuda. ¿Será que el homo oeconomicus nos está diciendo adiós? ¿O es solamente, que en situaciones diferentísimas, las viejas sabidurías debes ser nuevamente examinadas? ¿Habrá suficientes razones, para argumentar que el hombre se decide por comportamientos irracionales?
Mientras tanto, hay mucha discusión sobre qué lejos llegará la revolución; o ella es sólo un desafío más de los economistas. Sin duda alguna, el hombre comete irracionalidades que son de mucha relevancia, otras, quizás intrascendentes. Hay quienes viven bajo la dictadura de los beneficios ilícitos. Naturalmente, que los justos ganan sólo de manera esporádica, los corruptos y desleales en el mediano y largo plazo, anteponen la ganancia y el interés propio. Pero, al final la justicia los alcanza a pesar de inmunidades.
Aunque hasta ahora la economía experimental y del comportamiento no es un modelo acabado. Sería interesante buscar aplicación de éstos nuevos campos de la economía en América Latina, así como una explicación racional del actuar de nuestra clase política.
* El autor es economista.
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