Guardianes celestiales

Se hacen llamar los Heraldos del Evangelio. En el país existen más de treinta jóvenes involucrados en esta asociación cuya finalidad es custodiar a la Virgen de Fátima Ricardo Cuadra Garcí[email protected] Una tarde de julio de 1999, unos muchachos distribuían por las calles material católico, específicamente de la Virgen María. La mamá de Marcelo Pérez […]

  • Se hacen llamar los Heraldos del Evangelio. En el país existen más de treinta jóvenes involucrados en esta asociación
    cuya finalidad es custodiar a la Virgen de Fátima

Ricardo Cuadra Garcí[email protected]

Una tarde de julio de 1999, unos muchachos distribuían por las calles material católico, específicamente de la Virgen María. La mamá de Marcelo Pérez Wheelock, los hizo pasar a su casa, y fue allí que conoció acerca de los Heraldos del Evangelio.

“Ese día uno de los muchachos me comentó sobre las actividades que realizan, y las reuniones que tienen con jóvenes todos los sábados, y así me interesé y me integré al grupo”.

Los Heraldos del Evangelio, jóvenes dedicados a la vida cristiana y en especial a custodiar a la Virgen de Fátima en sus peregrinaciones, son una asociación de fieles laicos de Derecho Pontificio, establecida en nuestro país desde el año pasado.

Están presentes en cuarenta países de los cinco continentes. Fueron fundados en Brasil por D. Juan Clá Dias, su actual Presidente General. Heraldos del Evangelio son una asociación privada internacional de fieles de derecho pontificio, la primera que es erigida por la Santa Sede en el tercer milenio, en la fiesta de la Catedral de San Pedro el 22 de febrero del 2001.

“La mayoría de sus integrantes son jóvenes, de ambos sexos, practican el celibato, se dedican al apostolado y viven en casas específicas para hombres o para mujeres, donde alternan la vida de recogimiento, estudio y oración con actividades evangelizadoras en las diócesis y parroquias, poniendo especial empeño en la formación de la juventud”, asegura Rafael Ibarguren, presidente de la asociación en nuestro país.

Según Marcelo, la actividad sabatina con los jóvenes, inicia con el Catecismo, luego realizan una serie de dinámicas con los muchachos, “para que se sientan en un ambiente agradable”. Comparten una pequeña merienda y se intercambian experiencias. “Básicamente hablamos sobre cosas de jóvenes, sobre cómo vamos en las clases, etc.”

Los muchachos interesados en pertenecer a esta asociación sólo tienen que visitar la Casa Grande, ubicada en los Robles y participar de las reuniones y charlas que se brindan sobre la fe mariana.

Al inicio, Marcelo no era devoto de la Virgen de Fátima, pero el ambiente y las charlas que recibió le gustaron mucho. “Fue algo muy bonito porque conocí nuevos amigos, siento que me cambió la vida, ahora soy más piadoso, rezo el rosario y frecuento los sacramentos, procuro la santidad que es una de nuestras metas”. A partir del próximo año, Marcelo estudiará Teología, al igual que otros de sus compañeros de la asociación en la Universidad Católica.

Los Heraldos del Evangelio utilizan un vestuario especial que los identifica. Un hábito beich, que les da un sentido militar de protección a la Virgen, botas altas, de caballería, una túnica y escapulario que representa la Virgen del Carmen y la Cruz Espada de Santiago. “Una cadena que simboliza la esclavitud hacia María, pero esclavitud voluntaria hacia Nuestra Señora, dueña de todos nuestros bienes y las buenas obras; y un rosario grande que es la oración perfecta”, asegura Christian Urroz Reyes.

También cuenta con un nuevo traje que es pantalón blanco y saco rojo, el que estrenaron en la reciente visita que realizó el Papa Juan Pablo II a Guatemala.

Otro cuadro importante de la asociación lo componen los Terciarios o Cooperadores, hombres y mujeres, casados o solteros, que adhieren a la espiritualidad, objetivo y carisma de los Heraldos del Evangelio, dando cada cual según sus posibilidades el tiempo que disponen. Su espiritualidad está cimentada en tres puntos esenciales: La Eucaristía, María y el Papa.

El origen de esta asociación se remonta a la década de los 50, cuando un grupo de jóvenes se reunía para cantar, conversar y rezar. Tres nombres merecen ser especialmente recordados entre sus fundadores: Juan Scognamiglio Clá Dias, el actual presidente general, fundador de numerosos grupos juveniles, conocedor de teología y amante de la música; Pedro Paulo Figueiredo, consejero general actualmente, orientador de almas y experimentado animador de grupos eclesiales y, por último, Carlos Alberto Soares Corrêa, en estos momentos secretario general de la institución, conferencista e historiador.

Marcos Soto Lugo, es un costarricense de madre nicaragüense. Conoció a los Heraldos del Evangelio cuando hace cuatro años la Virgen Peregrina visitó la parroquia donde era monaguillo. Ahora toda su familia, compuesta por cuatro hermanos y sus padres, están involucrados en la asociación.

“Me gustaría ser sacerdote, sería una gracia fenomenal en el sentido de que el sacerdocio es una vocación muy alta. Si Dios quiere y la Virgen Santísima, vamos a rezar para ver si Dios nos quiere sacerdote”.

Esta vida comunitaria está disciplinada por un “Ordo de Costumbres”, una compilación de reglas que con el paso del tiempo se ha ido estableciendo voluntariamente entre los Heraldos del Evangelio. Reglamenta, según el carisma de la institución, todos los actos de la vida cotidiana de sus miembros, desde el modo de proceder consigo mismo en la intimidad, pasando por las relaciones entre los hermanos, en público y, sobre todo, hasta en los actos más solemnes del día en que se reúnen para rezar, cantar el Oficio o participar en la Liturgia.

La vida comunitaria de los Heraldos del Evangelio se caracteriza por un espíritu alegre, disciplinado y fraterno. “La vida religiosa no es aburrida ni monótona como cree la gente”. Parte de su formación religiosa, cultural y artística se nota especialmente por la formación de conjuntos musicales (vocales e instrumentales que solemnizan eucaristías, fiestas religiosas y ceremonias).

El principal conjunto musical de los Heraldos del Evangelio lo componen los Caballeros del Nuevo Milenio, fundado y regido por el maestro Juan Clá Dias, compuesto por jóvenes de ambos sexos de veinte nacionalidades.

Este conjunto recorre el mundo brindando a los fieles y al público en general momentos plenos de armonía y de belleza. Nicaragua recibió en dos oportunidades a los Caballeros del Nuevo Milenio que se presentaron en la Catedral Metropolitana, en el Teatro Nacional Rubén Darío, y en los colegios La Salle y Lincoln.

VISITAN PARROQUIAS, COLEGIOS Y HOSPITALES

En Managua, los Heraldos del Evangelio están constituyendo un coro que interpreta música religiosa – popular, polifonía clásica y gregoriana. Asimismo, aspiran a la formación de una banda de instrumentos de viento. Para eso, en su casa de los Robles reciben clases semanales de profesores del Conservatorio Musical de Managua.

En la Arquidiócesis de Managua comenzaron sus labores a fines del siglo pasado y fueron aprobados por el Cardenal Arzobispo en enero del año 2000. Una de sus actividades más notables, es la de visitar parroquias, colegios, hospitales, cárceles, instituciones públicas y privadas, familias con la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima, ocasiones en que se propicia el rezo del Santo Rosario.

Armando Tapia Pallais, de 16 años, conoció a los Heraldos en diciembre de 1998, el día de la Purísima. Ahora es una persona más piadosa. “Marcó mi vida, soy más piadoso y menos tímido”.

“No somos una asociación que brinda bienes materiales, pero sí espirituales”, asegura Fabián Hernández Palacios, de 24 años. “Hay personas que no necesitan cosas materiales, sino consejos, consuelo y palabras de aliento, todo eso nos ha permitido a nosotros ver el mundo de otra manera”.

“Para nosotros esto no es ningún sacrificio, no es nada aburrido como las personas creen, tenemos una vida normal, compartimos con nuestras familias. Sabemos del mito de que lo religioso es aburrido, pero no es así, cuando salimos de campamento con los jóvenes disfrutamos mucho, y también cuando acompañamos a la Virgen a las comunidades rurales”.

Actualmente existen más de treinta custodios de la Virgen, siete de ellos viven en la Casa Grande ubicada en los Robles. Según Ibanguren, la afinidad de ideales y principios es lo que los une.

Para ser un Heraldo del Evangelio es necesario realizar un curso de formación de doctrina católica. Existen algunas academias en Guatemala, España, Colombia y Brasil.

Heraldos del Evangelio son una asociación privada internacional de fieles de derecho pontificio, la primera que es erigida por la Santa Sede en el tercer milenio, en la fiesta de la Catedral de San Pedro el 22 de febrero de 2001.  

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