Orlando Ortega Reyes [email protected]
En estos momentos en que el pueblo nicaragüense abre su conciencia al valor de la austeridad, al señalamiento del dispendio, a la búsqueda de acompañantes del elemento “mega”; los invito a reflexionar un momento sobre un hecho que parece pasar inadvertido.
Me refiero al impresionante derroche de pólvora que se hace en Nicaragua, especialmente en esta época del año. Un país tan pobre como el nuestro, se da el extravagante lujo de quemar, literalmente, cada año más de un millón de dólares. Desde luego, esta cifra puede ser rebatida por nuestros avezados economistas. Sin embargo, con este dinero, tan infructuosamente malgastado, se podría alimentar fácilmente a cerca de dos mil niños durante todo un año y por otra parte, le ahorraríamos al ambiente una enorme carga de contaminación.
Sé muy bien que es muy duro despojarse de algunos atavismos, sin embargo, para empezar, podríamos realizar grabaciones con efectos especiales de este tipo de detonaciones y hacernos la ilusión que se trata de pólvora verdadera y ese dinero, donarlo para formar bancos de alimento, que tanta falta hacen para ayudar a nuestros hermanos desfavorecidos.