- Ricardo Mayorga frente al más
temible rival
Edgard Tijerino M. [email protected]
Pese a mis 32 años en esto de la crónica deportiva, y al hecho de haber cubierto más de 60 peleas de Campeonatos Mundiales, confieso que no he vivido lo suficiente para entender por qué en la primera pelea de Ricardo Mayorga, después de haberse coronado titular de peso welter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), se ha decidido lanzarlo a las brasas, colocándolo frente al invicto, crecido y temido, Vernon Forrest.
Recuerdo cuando en 1982 escribí aquella nota ¿Por qué Pryor?, si Alexis Arguello tenía otros caminos menos riesgosos mientras se establecía en las 140 libras… En esos momentos, el más difícil adversario imaginable para “El Flaco”, era el verdugo de Kid Pambelé.
Hoy, 20 años después, Forrest, dos veces vencedor indiscutible del fenomenal Shane Mosley, aparece en pantalla como una especie de boxeador prohibido, y retarlo, supone una tarea tan titánica, como la de Teseo en el Laberinto de Dédalo, fajándose con el Minotauro.
Sigo confundido: ¿por qué Forrest?
No podemos dudar sobre la astucia, experiencia y manejo de los hilos y las posibilidades de diferentes púgiles por parte de Don King, pero la forma que el boxeo se ha adormecido, le ha quitado impulso y lo ha obligado a maniobras imprevistas.
Siendo Mayorga un púgil en construcción, y manejado por Carl King, no entiendo por qué empujarlo hacia el “Lobo Feroz”, si podía detenerse un poco con la Caperucita y su Abuelita acumulando dinero, mejorando su currículum y terminando de establecerse.
¿Cómo explicar esta decisión, con King tratando de cuidar lo que invirtió en conseguir el contrato de Mayorga, para que lo manejara su hijo?
Cierto, Mayorga es bravo, audaz, capaz de abordar el Titanic a pocos metros de la montaña de hielo, dueño de una furia incontrolable y con un par de manos pesadas, pero los recursos boxísticos de Forrest, su hábil aplicación de variantes, la excelente utilización de su alcance y su movilidad, esa facilidad para el contragolpe y las descargas precisas desde diferentes ángulos, nos indican que puede torear el peligro como lo hacían Manolete o El Córdobes.
No existe, en la valoración de los expertos, un mejor peleador en el casillero welter que Vernon Forrest, y aparentemente, Mayorga necesita más herramientas que su capacidad de agresión, para poder escapar a la telaraña que Forrest puede tejer a su alrededor.
Héctor Pérez es un hombre que sabe mucho de boxeo y confía en el punch de Mayorga, en la búsqueda de un resultado inesperado… Hay muchas historias en las que el tolete, elimina la destreza, pero es una apuesta muy riesgosa.
George Foreman tenía el poder para convertir en astillas la cabeza y las costillas de Mohamed Alí, así como Mike Tyson daba la impresión de poder destrozar a un Evander Holyfield inspirado y cerebral aquella noche del mes de noviembre de 1996 en Las Vegas… En ambos casos, los arquitectos se impusieron, y Forrest es de esa línea de boxeo.
Bueno, a esta altura, la suerte está echada y Mayorga no tiene otra alternativa que cruzar el Rubicón.
Aún viéndolo ganar con una fiera y destructiva combinación de golpes, me seguiré preguntando: ¿por qué Forrest?