Francisco Ñurinda O.
Es deprimente saber que el Presidente de la República acepta que se aumente (“sincerar”) el salario a los más prominentes miembros de su Gobierno; no vale la pena preguntarse si él se da cuenta o no de la crítica situación por la que atraviesa el país, porque lo sabe.
Es hiriente y humillante que vengan con excusas como la de que la empresa privada paga mejores salarios. Si es así, entonces el funcionario que no esté satisfecho con lo que los contribuyentes están en capacidad de pagar, que se vaya a trabajar al sector privado. También insulta que nos digan que no es aumento, sino sincerar los salarios. Es cuestión de semántica, pues como se le quiera llamar, en matemática un córdoba más en el salario de un funcionario es un córdoba menos en el presupuesto del Ministerio de Salud o en el de Educación.
El Ministro de Hacienda y Crédito Público, Eduardo Montealegre, dice que es necesario pagar bien para “atraer y retener” a los buenos empleados. De más está decir que con la crítica situación que hay en el país, serían interminables las filas de desempleados “calificados” dispuestos a trabajar por salarios más bajos de los que ahora se pagan en el Gobierno.
Los nicaragüenses han demostrado su apoyo al Presidente Bolaños, pero ese apoyo debe ser recíproco. Todavía está a tiempo de reparar; debe recordar que una economía de “palmas extendidas” es vigilada por las naciones donantes y esas dádivas no son precisamente para engrosar las cuentas bancarias de los servidores públicos de un país donde lo único que hasta ahora parece despegar, son sus salarios.