Carolina de los Ángeles (11 años), es acompañada por su hermana, mientras vende golosinas.

El trabajo infantil mutila esperanzas

El trabajo de niños y niñas representa un ingreso importante para cientos de familias, porque significa comer o no comer, pero trunca el futuro de los infantes Marta Leonor Gonzá[email protected] Miguel Alejandro Castro vende chicles en el Mercado Roberto Huembes de Managua. A los ocho años, su ingreso es de 20 a 25 córdobas por […]

  • El trabajo de niños y niñas representa un ingreso importante para cientos de familias, porque significa comer o no comer, pero trunca el futuro de los infantes

Marta Leonor Gonzá[email protected]

Miguel Alejandro Castro vende chicles en el Mercado Roberto Huembes de Managua. A los ocho años, su ingreso es de 20 a 25 córdobas por día, pero “a veces ni cinco pesos vendo”, dice.

Junto a él está su hermana Carla, de seis años. Ella vende caramelos y cigarrillos, y comenta tener más suerte en la venta que Miguel, porque “no hay día que no se gane aunque sea 10 pesos”.

A tempranas horas, ambos hermanitos se acompañan y venden en el mercado, donde también otros niños venden golosinas, lustran, cuidan y lavan carros, cantan en los autobuses o sólo deambulan en las calles pidiendo dinero y comida.

El mercado parece ser la gran ciudadela infantil, un lugar donde muchos niños venden y tienen asegurada la comida del día.

Jefferson Téllez, de 13 años, lustra calzado y expresa que desde las siete de la mañana ya tiene clientes esperándolo. Diario lustra de seis a nueve pares de zapatos, y cuando termina la faena el dinero lo entrega a su madre, quien lo administra para la comida.

Para Téllez el mercado es su segundo hogar. Entre el bullicio de los comerciantes, él camina buscando para el sustento de una familia numerosa. “Tengo ocho hermanos, soy el mayor de ellos”, afirma.

¿Vas a la escuela?

“No. Pero me gustaría ir”.

¿Cuánto tiempo llevás sin ir a clase?

“Como medio año”.

¿Y tus hermanos van a la escuela?

Sí.

¿Cuántos?

“Mis dos hermanas”.

¿Tus hermanas venden?

“No, mis hermanos”.

¿Tu mamá y papá trabajan?,

“Sólo mi mamá”.

¿Y después de trabajar, a quien le das el dinero?

“A mi mamá para la comida”.

Para la socióloga Mayra Cruz Masís, los niños trabajadores siempre reflejan en sus testimonios que la escuela sigue siendo atractiva e importante, pero muchas veces la perciben como un deseo inalcanzable.

Niños que llevan el sustento

La especialista en tema de la niñez aseguró que “las familias de los niños y niñas que trabajan en Nicaragua son las más pobres, las que no tienen ingreso fijo, por lo que han creado dependencia y necesitan del dinero que pueden llevar sus hijos”.

Ese ingreso se vuelve significativo para el grupo familiar, y en muchos casos significa comer o no comer”.

Otro aspecto, según la socióloga, del porqué se ha masificado el trabajo infantil, es la necesidad económica de las familias, lo que se suma al hecho de que hay trabajo para los niños porque la sustitución de la mano de obra adulta por la infantil resulta más barata. A un niño le pagan la mitad de lo que gana un adulto por el mismo trabajo.

Trabajo en el campo

El plan estratégico nacional para la prevención y erradicación del trabajo infantil y protección del adolescente trabajador, de 2001 a 2005, señala el tipo de trabajo a la que son sometidos los menores.

-En el campo fumigan, deshierban, cultivan y trasladan las cosechas, ordeñan el ganado, cortan leña, acarrean agua, cuidan y asean a los animales, trabajan al machete, siembran frijoles, cortan algodón, bananos y caña de azúcar.

-En la producción del tabaco la mano de obra infantil representa el 50 por ciento de los casi ocho mil seiscientos obreros y obreras que demanda la cosecha.

-Se estima que en el período de recolección de café, trabajan más de 60,000 niños, niñas y adolescentes, que representan entre 30 por ciento y 35 por ciento del total de cortadores.

-En el sector rural trabajan 109,525 niños, niñas y adolescentes, sobre todo en la cosecha de productos tradicionales de agroexportación (café, algodón, tabaco, caña de azúcar, banano), en contacto permanente con tóxicos y plaguicidas, expuestos a envenenamiento o trastornos respiratorios y alérgicos.

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