El altar de Cuiscoma, en Granada, cuando empezaban los rezos anoche en el noveno día.

Cuiscoma se lució

Emilio ZambranaCORRESPONSAL/[email protected] Luego de “posarse” en los altares de nueve calles de la ciudad, la venerada imagen de la Inmaculada Concepción de María regresó ayer a la Santa Iglesia Catedral, enmedio de vistosos y ruidosos juegos de pólvora en una noche en que los “cuiscomeños” (habitantes de la calle Cuiscoma) también se lucieron con su […]

Emilio ZambranaCORRESPONSAL/[email protected]

Luego de “posarse” en los altares de nueve calles de la ciudad, la venerada imagen de la Inmaculada Concepción de María regresó ayer a la Santa Iglesia Catedral, enmedio de vistosos y ruidosos juegos de pólvora en una noche en que los “cuiscomeños” (habitantes de la calle Cuiscoma) también se lucieron con su carroza, una réplica de la nave de catedraldonde permanece “La Conchita” desde hace siglos.

En 1955, monseñor García y Suárez, según datos suministrados por el historiador José Joaquín Quadra Cardenal, instauró el novenario en nueves calles de Granada, rotándolas cada año; y esa tradición todavía persiste.

“En Granada, por los años 50, se rezaba en las casas de los barrios antes de que cada calle hiciera su altar”, dice Carlos Manuel Gómez Alemán, vecino de la calle Cuiscoma y ferviente devoto de la Virgen.

Ahora “son raros y contados los que hacen rezos en las casas”, pero se ha conservado el fervor de celebrar a la Virgen en cada barrio.

LA VELA

La noche antes de que la calle sea escenario de la procesión y el rezo del Rosario, los habitantes realizan “la vela de la Virgen”, para colocar adornos, luminarias y dar los últimos toques al altar.

Durante la vela, algunas familias conservan la tradición de hacer figuras celestiales de papel, para adornar la calle. En la calle Santa Lucía, por ejemplo, la familia de Fernando “El Cabo” López Miranda, prepara papelillos y dibujos de ángeles.

Este año, una de las carrozas que más atrajo la atención de los granadinos fue la de la calle El Arsenal, que semejaba el fruto de una granada, y cuando se abría brotaba una jovencita con el atuendo de la beata Sor María Romero.  

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