Silvia Tapia B.
En l a información publicada en el Diario LA PRENSA, el 21 de noviembre, y titulada “Directores abultan matrícula”, se me aludió como directora del Instituto Gaspar García Laviana.
Yo ingresé a este Instituto a mediados de 1999, y encontré una deuda de 80,000 córdobas de luz, teléfono, mimeógrafo y otros. El 50 por ciento de los alumnos no tenían pupitres, había una camioneta en mal estado que fue reactivada.
En dos años pagué la deuda con aportes voluntarios de los padres, se puso serpentina y se pintó todo alrededor del centro, se acondicionó la sala de maestros con sillas y abanicos, se compró un aire acondicionado, se pagó una fotocopiadora y un duplicador; de ésta se dieron varias cuotas, todo esto con fondos propios, ya que la transferencia que otorgaba el MECD era exclusiva para pago de maestros, INSS y treceavo mes, el incentivo se pagaba de los aportes voluntarios de los padres.
Hasta julio del 2002, con el nuevo gobierno, se inició un nuevo proceso de entrega de transferencia en base a cantidad de alumnos, para algunos gastos del centro.
En relación a 120 alumnos que estaban de más, la administración aclaró todo esto a la Dirección de Descentralización, ya que en este diario se vertieron acusaciones en mi contra. La delegación del Distrito 2 del MECD me entregó un finiquito al momento de poner mi renuncia, que la puse para optar a un mejor cargo en base al artículo 86 de la Constitución Política de Nicaragua.
En cumplimiento a las normas técnicas de contraloría interna para el sector público, el acta de entrega a la fecha está siendo revisada por las autoridades competentes del MECD. Si hubiera alguna inconsistencia estoy anuente a aclarar ante la autoridad competente.