- Luego de tres años de denuncias sobre los riesgos y accidentes laborales de buzos miskitos en las aguas del Mar Caribe, el Ministerio del Trabajo ha decidido normar la peligrosa labor de la pesca y exigir a las empresas pesqueras que brinden seguridad a sus hombres de mar
José Adán Silva [email protected]
La lancha rápida número 067 de la Fuerza Naval no nos da un respiro con su motor de 400 caballos de fuerza. Cada ola saltada es un golpe a la columna vertebral y un baño de fría agua salada que salpica los ojos, causa ardor y ciega por largos minutos.
Hemos avanzado más de dos horas mar adentro del Caribe, y ya el sol, a turnos con una lluvia de gotas filosas, ha hecho mella en los rostros descompuestos de los 12 tripulantes que osamos desoír la advertencia oficial de que no había condiciones climáticas para salir a bucear.
Nadie dice nada y todos van silenciosos y casi arrepentidos en búsqueda del punto X: Longitud Norte 13.55, latitud Este 8250. Aproximadamente a 35 millas al Este de Puerto Cabezas. No hay islas, cayos, barcos… nada. Sólo agua con tonalidades de color verde. El cielo es opaco a ratos, pero pasa con regularidad al azul intenso.
El oleaje zarandea la lancha rápida que, con el motor apagado, parece de juguete ante la intensidad del vaivén. Por momentos se descansa del golpe seco de la lancha sobre las olas. Mientras unos le dan gracias al Divino por haberle puesto alto a la torturante navegación, otros vomitan al mar y otros, de lo más tranquilos, se alistan para bajar a bucear.
La imagen del clásico buzo de las películas o documentales, al estilo del desaparecido Jacques Cousteau, de especial traje oscuro, gafas plásticas enormes, aletas especiales y doble tanque de buceo, con aparatos sofisticados al cinto, se ve lejana ante el miskito que en pantalón corto, sin camisa, con una boquilla, una máscara y un tanque de oxígeno a la espalda, se sumerge a las profundidades del mar.
Han comenzado su labor, sin quejas de ningún tipo y casi riéndose de lo que nosotros calificamos como tortura. Ellos se han acostumbrado a la rudeza del mar y han desafiado a la muerte bajo las aguas. Y ha sido tanto el desafío al mar que la muerte les ha hecho pagar cara la osadía: 600 muertos y 500 lisiados en los últimos cinco años.
“SI VUELVEN VIVOS, VIENEN CASI MUERTOS”
Los funcionarios del Ministerio del Trabajo que solicitaron la travesía para ver de cerca cómo trabajan los buzos, no podían creer que una manguera de un tanque de oxígeno estaba rota. Tuvieron que cambiar el cilindro y el miskito, un joven menor de 30 años, baja al mar. Nadie sabe si volverá.
“Si vuelven vivos, vienen casi muertos”, dice Silvio Angus, presidente del Sindicato de Buzos Miskitos de la Región Autónoma del Atlántico Norte (Subumiraan), para quien existe una irresponsabilidad compartida entre buzos y empresarios de la pesca.
Él lidera un sector de 500 buzos y cayuqueros miskitos. El cayuquero es el compañero de mar del miskito buzo. Es quien se queda a bordo del cayuco mientras su colega baja a buscar la codiciada langosta.
“Yo quiero que a los buzos, los que trabajan con la empresa, les aseguren la vida. Quiero que los buzos salgan con un contrato, si salen sin contrato, vienen enfermos, vienen paralizados, muchos problemas. ¿Qué problemas? Los mandan del muelle al hospital, del hospital a la casa, y luego los botan. Cuando los familiares llegan a la oficina a buscar apoyo les dicen ¿Qué quieren? ¿Qué quieren conmigo? No tengo nada contigo. Así nos tratan”, se queja Angus.
El miskito sindicalista relata que existen 2,500 buzos, desde Cabo Gracias a Dios hasta el litoral Sur, que corren los mismos riesgos al salir a buscar la vida en el fondo del mar.
Reclaman que los empresarios mejoren las condiciones laborales que plasmaron en un acuerdo laboral de hace años.
ACCIDENTE EN LADY II
El miskito Valdivia Dionisio Alberto reconoce que Medina le ha ayudado en algo, pero culpa a su empleador de haberlo abandonado después de un accidente de buceo en alta mar.
Alberto trabajó 16 años como buzo de una empresa pesquera, hasta que sufrió un accidente en el Lady II, el 5 de marzo de 1990.
“Trabajé con él (empresario) cuatro años y ocho meses, y cuando me accidenté, me dio sólo 884 córdobas. Y Ahora nada, no me quiere ni ver”, se queja Alberto, quien tras cinco meses de fisioterapia y otros cuidados especializados, ha logrado caminar apoyado en muletas.
Casi pierde la vida a 122 brazadas bajo mar, cuando el tanque de oxígeno le fallo mientras buscaba langostas cerca de Corn Island.
Luis Enrique Martínez, director general de Higiene y Seguridad del Ministerio del Trabajo, quien se subió a la lancha rápida a inspeccionar in situ las condiciones de trabajo de los buzos, sufrió en carne propia las vicisitudes de lo que significa salir a bucear.
Reconoce que no hay condiciones de seguridad para los buzos, pero señala que el fenómeno se debe a una irresponsabilidad compartida, que tiene sus bases en la cultura de la región.
“Nosotros sabemos que por cuestiones culturales… tanto del empleador, quien tiene que garantizarle las condiciones (a los buzos) no le brinda al trabajador todo el instrumental necesario. ¿Pero qué pasa? Dice el empleador que ellos lo dan, pero que el mismo buzo lo destruye”, explica Martínez.
Ellos miraron que hacen falta instrumentos a la hora de bajar a bucear. “Nosotros pudimos constatar que el trabajador no llevaba todo el instrumental necesario, llevaba lo básico, como es el tanque, llevaba un reloj, pero hay otros equipos que son accesorios, pero que son necesarios”, dice Martínez.
IRRESPONSABILIDAD COMPARTIDA
“Yo no quiero decir que toda la culpa es del empleador, porque vamos al otro aspecto cultural del trabajador. Dicen que hubo expertos que trataron de enseñar a bucear, pero de qué vale que vengamos nosotros como Ministerio le caigamos con todo el peso, que garantice todos esos equipos, si el trabajador no va hacer uso de eso”, dice.
“Para que después no se diga que las cosas las dejamos en el aire, queremos hacer una normativa técnica, para que se ponga en uso. Hay normativas en el sector maquila, hay normativas en el sector construcción, en el sector eléctrico… Existen 22 normativas técnicas para diversos trabajos, menos para la pesca”, señala el funcionario del Mitrab.
“Queremos hacer una normativa técnica, donde nosotros le vamos a indicar al empleador sus obligaciones, equipos específicos, y no solamente en el buceo, sino también en las embarcaciones, desde el punto de vista de las embarcaciones, comenzando con la estructura de la embarcación, porque ellos aparte de bucear están hasta once días en el mar”, razona Martínez.
NITRÓGENO MORTAL
Según el doctor Humberto Castro, del Centro de Salud de Puerto Cabezas, hay ocasiones en que en un mes llegan hasta 15 buzos con problemas de oxigenación y acumulaciones de nitrógeno en el cuerpo.
-A los buzos con estos problemas los someten a un tratamiento de aplicación de oxígeno al cien por ciento, para que las acumulaciones de nitrógeno se le “reacomoden”
-Cuando un buzo no sabe manejar la presión del mar, sale rápido y sin técnicas del agua; el oxígeno y nitrógeno del cilindro no se asimilan bien por el cuerpo y se congregan en partes de éste, provocando parálisis e inflamación de tejidos y músculos, lo que a su vez provoca parálisis del cuerpo.
-Cuando un buzo sale afectado por el nitrógeno, debe permanecer al menos 285 minutos recibiendo oxígeno en una cámara hiperbárica, que vale aproximadamente 485 mil dólares.
-El médico cree que cada embarcación debería llevar consigo un tanque de oxígeno al cien por ciento para aplicar inmediatamente a los buzos afectados, así como una lancha rápida que pueda transportar a los accidentados en menos tiempo que las 20 horas en que tarda un barco en llegar a la costa.
¿CUÁLES MUERTOS?
El presidente de la Asociación de Pesqueros del Atlántico Norte (APAN), Gustavo Medina, niega totalmente las quejas de los sindicatos. Dice que no ha habido tantos muertos, sólo 15, y no es cierto que no les paguen lo justo. Tampoco es verdad que ellos no garanticen la seguridad de sus obreros y ni hablar de que los dejan al garete cuando se enferman. Para cerrar, culpa al Gobierno Central de la suerte de los buzos. “Allá en Nicaragua (a como llama al Pacífico del país) no saben nada de nuestra cultura, no nos entienden, ¿cómo pueden venir a darnos consejos?”, reprocha.