Menor muere abrasado por las llamas

El incendio lo provocó una candela que cayó encendida en la habitación del niño de dos años y medio Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL / [email protected] Un niño de apenas dos años y medio falleció prácticamente calcinado por las llamas de un incendio que se originó en la habitación de su hogar, aparentemente luego que una candela […]

  • El incendio lo provocó una candela que cayó encendida en la habitación del niño de dos años y medio

Noelia Sánchez RicarteCORRESPONSAL / [email protected]

Un niño de apenas dos años y medio falleció prácticamente calcinado por las llamas de un incendio que se originó en la habitación de su hogar, aparentemente luego que una candela encendida cayera cerca de donde éste se encontraba.

El nombre niño es Kender Eduardo Hernández Mendoza y su madre, Yahaira Mendoza Tijerino, de 25 años, también sufrió lesiones en su cuerpo, tras intentar rescatar a su hijo.

Esta trágica muerte ocurrió el pasado lunes al caer la tarde, en la comunidad El Limonal, perteneciente al municipio de Buenos Aires.

Según reportes policiales, en esa zona, a la hora referida no había fluido eléctrico por lo que en la casa del menor de colocó una candela encendida en una mesa, que se encontraba cerca de las dos camas.

La Policía reporta, de acuerdo a versiones de familiares, que horas antes de ocurrir esta desgracia, el menor se encontraba jugando con su abuelo en la casa vecina. Luego la mamá llegó a traerlo, aunque el abuelo insistió en que lo dejara.

Cuando la madre se retiró a su hogar con su hijo, llevaba una candela encendida que colocó en su cuarto. Kender estaba a punto de dormirse. La madre del menor salió por un momento del cuarto y en cuestiones de minutos, la habitación se incendió.

La ropa que había en el lugar, los colchones y la madera de pino que dividía la habitación fueron suficientes para que el incendio se propagara rápidamente y aunque la madre del menor entró a rescatarlo, las llamas ya alcanzaban el techo de la casa y el fuego le causó lesiones en su cuerpo.

Los vecinos, en un intento por ayudar, buscaron agua para amainar el fuego, pero era demasiado tarde, pues el niño yacía enrolladito en un esquina envuelto en una sábana, prácticamente calcinado.  

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