El presidente de México, Vicente Fox, saluda al presidente del Comité Olímpico, Jacques Rogge. Observa el mexicano Mario Vásquez Raña, presidente del Comité Olímpico de su país. (LA PRENSA/AP)

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Natalia ArriagaEFE MÉXICO.- La Sesión Extraordinaria del COI pedida por el presidente Jacques Rogge cuando llegó al cargo hace año y medio se desarrolló en México con poco de extra y mucho de ordinaria, al aplazarse las principales reformas previstas en la agenda. La revisión del programa deportivo de los Juegos Olímpicos, que implicaba la […]

Natalia ArriagaEFE

MÉXICO.- La Sesión Extraordinaria del COI pedida por el presidente Jacques Rogge cuando llegó al cargo hace año y medio se desarrolló en México con poco de extra y mucho de ordinaria, al aplazarse las principales reformas previstas en la agenda.

La revisión del programa deportivo de los Juegos Olímpicos, que implicaba la posible desaparición del béisbol, el sóftbol y el pentatlón moderno, no salió adelante por la oposición de la asamblea, mayoritariamente a favor de la continuidad.

Pero la Ejecutiva del organismo consideró que una retirada a tiempo era una victoria y, en lugar de pedir un voto que ciertamente hubiera sido contrario a la propuesta de exclusión, sometió a referéndum posponer la discusión hasta después de Atenas 2004.

Los tres deportes parecen tener así garantizada la presencia en los Juegos al menos hasta Pekín 2008 pues, aunque Rogge dejó abierta cualquier posibilidad, ninguna federación concibe que en 2005, tres años antes de los siguientes Juegos, le ordenen que envíe a sus atletas y patrocinadores a casa.

Aunque ni el presidente ni su Ejecutiva expresaron abiertamente su postura en torno al cambio de deportes, Rogge dejó adivinar su opinión en distintas ocasiones: cuando comenzó el debate, al recordar que la exclusión de los Juegos no supone la muerte de una disciplina, y al finalizar la reunión y preguntarse si se estaba haciendo justicia “con los millones de practicantes de otros deportes muy populares que no están en los Juegos”.

Y citó, en concreto, el golf y el rugby. Ambos tienen un informe favorable para entrar en el programa olímpico, pero siempre que otros salgan y dejen hueco para sus equipos.

El aplazamiento de la revisión del programa puede interpretarse como un freno al ímpetu reformista del belga y como una muestra de la lentitud de reflejos de la asamblea, poco acostumbrada a cambios drásticos. Desde 1936, de hecho, no se saca ningún deporte de los Juegos.

DEBATES ACALORADOS

No sólo el nuevo programa resulta un tema sensible para la asamblea. También lo es, a juzgar por el calado de los debates, la edad de jubilación en el COI, fijada en los 70 años, y la prohibición de que los miembros del organismo viajen a las ciudades candidatas a organizar los Juegos.

En cuanto a la edad, se quejan de ese retiro a plazo fijo sobre todo los presidentes de federaciones internacionales, que no comprenden cómo en estas entidades pueden ser reelegidos sin límite y, en cambio, a los 70 deben abandonar su pertenencia al Comité Olímpico.

Pero Rogge fue tajante: el límite es el mismo para todos y no pueden establecerse diversas categorías de miembros.

La prohibición de los viajes sigue escociendo a algunos representantes, que alegan que no es posible elegir la mejor ciudad para organizar unos Juegos si no se visita a todas las aspirantes.

Aunque el asunto no estaba en el orden del día de la Sesión, Rogge respondió a la inquietud de algunos de sus colegas pidiendo una votación a mano alzada que arrojó un resultado contundente: sólo seis miembros apoyaron la restauración del sistema de visitas.

Lo que sí se aprobó en México fue un nuevo organigrama de funcionamiento para el Comité. Será necesario esperar varios años, quizá hasta Pekín 20008, para ver si el cargo de director ejecutivo para los Juegos Olímpicos tiene el efecto para el que ha sido creado, que no es otro que un mayor control sobre la organización.

En la misma línea cabe interpretar la asunción por parte del COI de la gestión de la mercadotecnia olímpica, antes compartida con empresas intermediarias. Rogge, que ha prometido austeridad, no desea derrochar el dinero del organismo en servicios que la propia plantilla puede asumir.  

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